Acudiste sin pensar, cómo el que no teme nada, seguro de ti mismo. Valiente e indestructible, creías, dolorido y derrotado, el resultado. Fue demasiado visible tu talón de Aquiles, y allí apuntaron las flechas. Diana baja, diana certera. Herida sangrante, herida mortal. Confiaste, pero a veces los actos de fe, no te aseguran el paraíso. Tampoco el infierno, y ya es un alivio, porque bastante cuesta asimilar las derrotas, tanto más, cuando, sólo veías Victorias. Nunca estuvo tu alma Inmaculada, pero tampoco merecías aquello. Justa debió ser aquella batalla, pero después de una noche sin tregua, llegó el Alba, y trajo consigo la Luz que te dejó al descubierto. Las mentiras se revelaron contra ti, y buscaron ser verdades, para tranquilizar su conciencia. Se descubrieron entonces, vacías de contenido, al darse cuenta de que sin unas, no existen las otras. Ahora te buscan, cómo tú las buscas a ellas, para no lanzarte otra vez a la piscina sin pensar, y para no volver a quedar, como un Don Juan sin Inés…