Rompeolas

Gritan las olas al tocar tierra, dejando tras de sí, un manto de espuma blanca. Murmullo constante de agua, en un vaivén infinito, que trata de mecer al tiempo, para dormirlo y que se detenga  aunque sólo sea un momento. Se deshace el mar al final de su recorrido, y se vuelve a recoger, recomponiéndose, siendo lo que siempre fue y lo que siempre será. El viento, que mueve los hilos elevando las olas, contándolos y dejando caer las mismas aguas, que hace tan sólo un momento, él levantó. Es carne de mareas mientras la Luna mande, extendiendo o acortando sus aguas, bajo el influjo del satélite.

La arena, testigo mudo de travesuras, de amores, de antaños y de futuros. Tierra mojada, húmeda de mar, balcón de horizonte y descanso de viajeros, soporta estoica las embestidas del mar que quiere ablandarla, someterla, pero sólo consigue compactarla, convirtiéndola en masa de futuros castillos. Imaginación e ilusión llenando cubos y moldes, construyendo diques o piscinas, para contener lo incontenible.

Y así pasan la vida, enzarzados en  la eterna lucha, agua y arena, olas contra tierra, discusión sin consenso. Acunándose el uno al otro, porque en realidad, no pueden ser uno, sin ser dos…

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