Desde que llegué me establecí aquí siendo quién soy desde el principio. Son mis necesidades las que me han llevado a descubrir cosas nuevas y siguen siendo mis necesidades la sed de mi aprendizaje. Tengo hambre, sed, necesidad de sexo, de crecer, de conocer y soy libre de elegir que hacer en cada momento. Son estas necesidades las que me hacen ser humano. Son las «demandas cotidianas» las que me hacen inventar nuevos métodos de diversión para liberarme de la rutina. Pero tampoco quiero perder esa rutina. Es MI VIDA. Todo cuanto me rodea, bueno y malo, me hace sentir vivo. Tengo la suficiente fortaleza e inteligencia de conjugar ambas cosas y sacarles el mayor partido. Quiero estímulos a diario para sentirme vivo. No tener hambre ni necesidades no es ser libre, es estar ciego. Vivimos en un mundo que es como es y hay ciertas cosas de las que no podemos prescindir y otras de las que no quiero prescindir. No nos confundamos. El crecimiento personal, el conocimiento propio y la madurez es propiedad de todos. La verdadera libertad radica en decidir querer crecer o no, conocerse o no, madurar o no. Hay algo peligroso en todo esto que es hablar de libertad y pretender que todos seamos libres siguiendo unas reglas, las que uno predica. Ahí se ha acabado la libertad… Así que mejor hablemos del hoy, del mundo real, de lo jodida que es la vida y demos las herramientas para que, a pesar de todo, busquemos la felicidad a toda costa. Somos animales, y no es malo. Soy quién soy y estoy donde estoy…