Uno de cada cinco

Depresión. La madre de todas a las amarguras, tristeza llevada al extremo que mata en vida, haciéndote desear la muerte antes que convivir contigo. Yugo del alma que te encadena a la nada, porque nada es lo que te hace desear, arrancando de cuajo cualquier mota de esperanza de lograr todos esos sueños que borra de tu mente para que no tengas a que agarrarte, alejándote de todos tanto, como de ti mismo. Cuesta descubrirla porque siempre hay gente triste, y se camufla entre ella, pasando como una racha mala más, entre días que adolecen de luz para aquellos que la sufren, por mucho que brille ella sol. Enfermedad que engulle ánimos sin piedad, escupiendo cadáveres vivientes que buscan consuelo y salvación para no acabar en el olvido de sus vidas. Y sólo unos cuantos ejemplos han puesto voz a todos los no pueden hablar, y Salvados rescata del olvido a aquellos que forman parte del uno de cada cinco, que consiguieron huir de aquella depresión que los quería para siempre junto a ella…

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Decisionando

Tuvimos que decidir, porque se perdieron las migas que conducían al buen camino y una tras otra, fueron engullidas por las dudas que lentamente hielan el fuego que hace nada prendió rápido. Nos relegan al fondo de la casa, a una buhardilla que rezuma de todo menos interés, camuflados entre obligaciones y supuestos futuros. Monotema , allí donde se vierte todo el cariño, ese del que deseas aunque sea sólo una parte y que es negado por miedo a un dolor que jamás sabremos si se hará realidad pero que planea como excusa perfecta para no dar un paso más. Silencios nacidos al abrigo de palabras que brotan del corazón, asesinadas por unos oídos que no desean escucharlas. No se que diremos cuando nos volvamos a ver, aunque si sé lo que me gustaría escuchar. Y ahora que intento buscar una honestidad que he apartado de mi tantas veces, debo decidir con quien será mejor volar separado o estrellarse juntos, para intentar seguir siendo fiel a uno mismo y no morir en el intento…
A todos los que seguís a mi lado a pesar de todo y me habéis dado una segunda oportunidad…

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Planos

Tener la respuesta a todo es aburrido y te deja varado en el desinterés por seguir buscando. Tal vez por eso pregunto tanto. Por eso y porque parte de mi vida va en ello. Porque es tan importante replantearse todo para buscar nuevas respuestas, como saber si quieren que formes partes de sus vidas o estas sólo de paso. Intereses iniciales vuelan ahora a velocidad de crucero, surcando un tiempo que no se detiene por nadie, trazando diagonales que no se sabe si van o si vienen y la ausencia de pasión, va aclarando un horizonte que se acerca por momentos. Tengo muy presente que el futuro sólo traerá cosas buenas y alcanzaremos todas las metas que nos hemos pospuesto, cueste lo que cueste. Hace tiempo que aprendí a caminar entre los distintos planos, a diferenciar lo importante para centrar los esfuerzos y no desperdiciar la energía. Buscar aportaciones por encima de todo, a saber estar al lado de quien te quiere a su lado, y saber sobre todo, que sea cual sea el plano que transite, sin mi, estoy perdido…

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Ayudas

Aferrados. Buscando la forma de mantener el equilibrio y así no perder el norte. La línea recta que lleva al círculo de nuestras vidas, a la espiral infinita de subidas y bajadas de donde no queremos bajar por mucho que nos mareemos. La lucha continua contra nosotros mismos, más incluso, que contra el resto, en una batalla mental continua y en la desesperanza de no saber si lograremos los objetivos marcados. Tenemos al Universo de nuestra parte, sólo queda mostrar un poco de interés y ponerle pasión, creerlo, porque sólo así se cumplirá. Así es como se hacen realidad los sueños. Llega el momento de desaprender, dejar de ser uno mismo sin olvidarse de ti, poner en práctica aquello que predicamos para ser honestos con nosotros mismos y no morir de mentira, aprender que el silencio no significa olvido y que a veces tan sólo una palabra, te arrancará de la tristeza. Toca ser feliz y compartirlo con los demás. Demostrar cariño y apostar, a pesar de que se pueda perder. Crecemos vida tras vida, aprendemos en cada llegada, buscando la forma perfecta del Ser en que nos deberemos convertir. Pero mientras habitamos en este plano, en este mundo, debemos regirnos por sus normas y procurar dejar un reguero de bondad, para mostrar el camino a todos aquellos, que en algún momento, se encuentran perdidos…

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Anormalidad

No estaba tan perdido como pensaba ni había elegido tan mal. Esa visión que pensaba que tenían desde fuera, era sólo el fruto que mi culpabilidad me hacía proyectar. Y como no podía ser de otra forma, ha sido a través de las palabras que me han desnudado, aliviando esa culpa que mis errores grabaron en mi alma, aunque pareciera indiferente. Han curado heridas abiertas, que de lejos no dejaban ver ni la cicatriz, cuando en realidad, jamás dejaron de supurar. El dinero es lo de menos. Es esa ilusión que vuelves a ver, esas palabras de agradecimiento a pesar de todo, lo que me hace grande. No se cuantas veces he pasado por aquí, pero poco a poco se van enmendando errores, sanando heridas, buscando comprar el billete para el último viaje. No voy a pedir perdón por arriesgar una y otra vez, y no importa las veces que perdí porque la ganancia pudo haber sido mucha. Y ahora que no me importa ser cuatro en la misma cama, ni esperar lo necesario, sigo apostando a esta carrera de fondo, donde el ritmo no lo llevo yo, y aguantaré paciente para no cruzar sólo la meta. Si, me gusta mucho la nieve, pero no voy a dejar que lo hiele todo. Me espera una noche más corta de lo normal, más tranquila que de costumbre, y seguro de que algún sueño más, podré atrapar. Y es que en esta anormalidad, estoy seguro de que “hoy es siempre todavía…”
Gracias a los que me habéis dejado formar parte de vuestras vidas

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El oscuro pasajero

Nos asomamos a la garganta intentado ver el final del precipicio y nos sorprendemos con la altura. Creímos que era menos pero asusta lo que vemos. Y aún así, armados de valor y sin dejar que el miedo coja las riendas de nuestras decisiones, sacamos los pies dispuestos a saltar, a asumir el riesgo del que sólo nosotros seremos responsables. No culparemos a nadie de la victoria ni nos quitaremos mérito si nos estrellamos, tan sólo disfrutaremos de la caída, procurando no chocar contra los salientes y rezando, para que el paracaídas se abra antes de tocar fondo. Será el camino por recorrer o el que algunos ya hemos recorrido, pero lo cierto es que el vértigo va desapareciendo y cuando creías que ya nadie podría sorprenderte, te sorprendes al ver como el dolor se transforma en perdón aliviando almas atormentadas, arrancando las lágrimas contenidas que anegaban todo tu ser. No, no vienen de donde esperabas. De ahí sólo brota silencio, consumiendo los días en una vendetta contra uno mismo, escudado en la diferencia de mi forma de ser, de pensar y de sentir, pero sobre todo, en una lucha continua por mantener alejado de todos, al oscuro pasajero…

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