El chico de oro

Siempre he dicho que el destino es caprichoso. Que entre 10 pellejeros haya 2 que cumplan años el mismo día, es casualidad, o no. Pero aquí están.

Sonaba el chupinazo en Pamplona y San Fermín daba la bienvenida a Luis. Para algunos Jose Luis, para mí, Luison, de toda la vida. El hombre de los mil y un nombres, ha ido evolucionando, desde aquella Caramba, dónde tocó fondo y encontró el norte, hasta la persona que hoy tenemos con nosotros. Musicólogo a tiempo completo, complementado con faenero de su casa, cocinero de programas de radio, inventor de festivales, pellejero confeso y lo más importante, hacedor de felicidad. Ahora es presidente por un año y deberá improvisar planes, organizar fiestas y lo más importante, llevarnos de la mano a un viaje sorpresa, que tal vez, y solo tal vez, empiece con el chupinazo que lo vio nacer. Ha conseguido después de muchos años y aún más esfuerzo, fijar su trabajo, y que se lo reconozcan, dándole a su vida y su familia, la estabilidad y tranquilidad que merecían. El esfuerzo y el tesón siempre tienen premio. Por eso ahora que sonríes por doquier y la felicidad habita en ti, puedas apreciar, como apreciamos nosotros el valor que tienes, que casi, casi, te convierte, en un chico de oro.

Leer Más

De aquí

Siempre he dicho que el destino es caprichoso. Que entre 10 pellejeros haya 2 que cumplan años el mismo día, es casualidad, o no. Pero aquí están.

Vivía al borde de la carretera, tapizando la vida con telas de colores mientras jugaba al fútbol con esa maestría que tiene para todos los deportes. Casi ficha por uno grande, aunque si lo hubiera hecho, quizás no lo tendríamos hoy con nosotros. Su vida hubiera virado hacía otros mares, y no hubiera conocido esta isla perdida que somos los Pellejeros. Hoy cocina con maestría su vida, bebiendo de la mano de su familia, a la que cuida devoción, dándoles lo que quieren a costa de sus propios deseos. Nunca la felicidad exigió tanto sacrificio y a la vez procuró placer. Anda por las américas de agosto a junio, hablándonos desde un coche (yo creo que vive en él), echando de menos su vida aquí, seguro que más que nosotros a él y no es poco, aprendiendo inglés, enseñando español, y adaptándose a unas costumbres que desde aquí nos resultan peculiares. Le queda el último achuchón y retornará el pellejero pródigo, trayendo con él calderetas añoradas, discusiones sin maldad y todas las ganas acumuladas. Una cosa sabemos seguro, ese año será presidente y con ello, uno de los hombres más felices del mundo. Texas te acogió pero nosotros te vimos crecer. Regresa y hazlo feliz, porque te esperamos siempre, y aunque algunos te llamen panchito, tú eres de aquí.

Leer Más

Estrellas

Tenía prisa el sol por irse a dormir. Subíamos, curva tras curva, dirección Virgen de las Nieves, y tras la maleza y en cada hueco despejado, tratábamos de inmortalizar a un agonizante sol que buscaba acurrucarse en brazos del horizonte. El cielo vestido de rojo anaranjado aún daba luz, y teñía con su manto de atardecer a una Graná tan bella como las gentes que la habitan. Subíamos, metro a metro, kilómetro a kilómetro, dejando atrás la calor de este verano. Subíamos, y cuánto más alto, más bajaba la temperatura, enfriando una Sierra que nos maravilla en invierno y en verano. Los primos pusieron su música, la de ahora, la que no entiendo, pero la que a ellos les encanta. Y entre Saiko y varios más, llegamos a nuestro destino. Allá a lo lejos, a nuestros pies, Granada. Aquí más cerca, sobre nosotros, La virgen de las Nieves. Y en medio de todo, nosotros. Tío y sobrinos, buscando la noche y con ella las estrellas. Llegaron las motos. Una serpiente de luces en la lejanía dibujando el contorno de la carretera serpenteante que llegaba hasta allí, y allí descansaron. Charlas y risas para romper el silencio y la tranquilidad de una Sierra asaltada. Poco a poco se fueron marchando, y poco a poco, el cielo se moteó de estrellas. Nos tumbamos mirándolo, mientras los primos hablaban de sus planes. Conciertos, deporte, estudios y amores. Abrazos, risas y algún que otro susto por las vacas que andaban por allí sueltas. Yo los miraba y escuchaba como quién tiene un tesoro. Entonces me recorrió un sentimiento que erizó mi piel: era felicidad. De verlos unidos, seguros, disfrutando, felices… Allí en las alturas, más cerca del firmamento y con la noche sobre nosotros, nos miró el cielo, mientras nos arropábamos los unos a los otros. Disfrutamos de las estrellas, y vimos algunas fugaces. Yo pedí un deseo: que siguieran siempre tan unidos. Y mi piel volvió a erizarse…

Leer Más

Tiempo de Dragones

Cuentan las leyendas, que hubo un época de caballeros, princesas y dragones. Batallas épicas en pos de conquistar nuevas tierras, dónde los caballeros de más valía, se alzaban con la victoria y el amor de las princesas, quisieran ellas o no. Matrimonios de conveniencia para unir familias y ganar poder. Traiciones y manos negras tras lo que ellos llamaban política, aquello de hacer lo que el rey diga, porque lo dice. Hasta que dejaba de ser rey. Las apariencias al servicio de la corte y los buenos modales hasta para acabar con la vida de los rivales. Alcobas repletas de infidelidades e incestos, donde la lujuria y la perversión campaban a sus anchas. Una forma de vida basada en la sumisión de los más débiles hacía sus dueños. Ni sus vidas les pertenecían.

Cuentan las leyendas, que los dragones arrasaban aldeas, luchaban contra los caballeros que partían a matarlos y que a veces, muy pocas veces, algún humano los domaba y conseguía montarlos. Sus fauces escupían fuego, incinerando todo cuanto tocaban, dejando un rastro de tierra quemada, olor a destrucción y sabor a azufre. Los cielos se teñían de rojo, dejando el ambiente pesado e irrespirable. Subía la temperatura, asfixiando la tierra y sus gentes, convirtiendo sus vidas en una pesadez constante.

Cuentan las leyendas que un día desaparecieron. Sin explicación, sin dejar rastro. No volvieron a verse. La temperatura bajó, los miedos se fueron perdiendo, y la sociedad evolucionó. Los Reyes y señores dejaron de serlo, la plebe se transformó en sociedad libre, pudiendo decidir su destino. Y la historia nos regaló una vida mejor, conforme pasó el tiempo.

Cuentan las malas lenguas, que los dragones no existieron, que la sociedad jamás fue libre, y que los poderosos siguen dirigiendo nuestras vidas. Yo solo sé, que esta calor debe venir de algún lugar, y a mi me pareció ver unas alas gigantes surcando los cielos. Quizás haya vuelto el tiempo de los Dragones…

Leer Más