Cambio de sábanas

Me arropa la noche con su mano oscura. Enmarañado entre las sábanas y mis pensamientos, tranquilo, sereno, busco entre mi imaginación, el resorte que apague mis ojos. Abarco con mi mente una vida entera, saltando de pasados a futuros, en un solo pensamiento, saliendo esta vez intacto de historias irrepetibles, aunque mi mente las recreé por cobardía. Trata de cambiar lo que fue, e imagina lo que desea que hubiera sucedido. Justo ahí, tropieza con los sueños, anhelos desprovistos de realidad. Se traslada entonces al futuro, tratando de anticiparse, adivinando un movimiento, que jamás sucederá. Pero insiste, como si el deseo y la terquedad, pudieran conceder lo que pide. Y se da cuenta entonces, de que ha vuelto a tropezar con los sueños, y que sigue inmersa, en el bucle infinito de sus pensamientos, enmarañado, cubierto por unas sábanas que ya empiezan a calentar demasiado. Y mientras fuera, la lluvia ametralla la vida, arrancando lamentos de todo lo que toca, no dejo de pensar, que tal vez sea hora, de cambiar las sábanas

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Desespero

Jamás imaginé que los recuerdos pudieran ser tan malvados.
Las paredes se han empeñado en escupirme tus fotos, recordándome tu ausencia otro día más. Ese pequeño salto que había entre tú y yo, de apenas hora y media, se ha convertido en estos días, en un obstáculo insalvable, en un abismo. Miro tu sonrisa plasmada en imágenes y desearía recostar mis labios en los tuyos, dormirme amarrado a tu boca y despertar con las almas entrelazadas. Me perdería en tus ojos, buscando todas esas palabras que te cuesta tanto decir, y que encuentro flotando en ellos cuando me miras. Me atraviesas con tu mirada y me inyectas todo eso que sientes por mi.
Abro los armarios y allí sigue tu ropa, retén de tus visitas, que te añora, menos que yo, te lo aseguro. Te imagino vestida, y sin vestir, cubierta tan sólo por tu piel. Ahora es cuando mis manos quieren tocarte, dibujar tu contorno, una y otra vez, descubrir de nuevo todos los secretos de tu piel, y recorrer poro a poro tu cuerpo, en un roce incesante, lento, hasta borrar las huellas de mis dedos, y detener el tiempo.
Y quedan tus zapatos, descalzos, inmóviles, abandonados a su suerte, mientras su dueña habita lejos. Te imagino entonces, te deseo y desespero, porque no sé el tiempo que queda para sentirte de nuevo. Y lo peor, no sé si seré capaz de soportar, este echarte de menos. No, no hablo sólo de sexo. El sexo sacia, pero el amor llena. Y necesito llenarme de ti. Desespero…

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Este Domingo

Nos preparamos otro año más, de forma diferente al resto de los demás años, pero como cada Domingo de Resurrección, los Culleros y petarderos, aclamaremos a nuestro Niño. Ni siquiera el encierro podrá contener la tradición, menos aún el sentimiento, porque no hay virus, que pueda derrotar las ganas de sentir al Resucitado. Este Domingo no habrá pasos recorriendo las calles, ni reverencias arropadas por humo. Este Domingo el suelo quedará inmaculado , aunque huérfano de procesión. Este Domingo, una madre añorará a su hijo, como todos y cada uno de nosotros. Este Domingo, el aire no sabrá a pólvora, ni el sonido a explosión. Y a pesar de todo, este Domingo, nuestros corazones sabrán que es el momento. Este Domingo, haremos del sentimiento una tradición, descubriremos, que la verdadera fe es creer sin ver, porque sentiremos que el Niño, ha vuelto a resucitar. Y allí, en las calles de nuestro pueblo, en cada barrio, en cada casa, habrá reductos de petardos atrasados, que explotarán como cada año, anunciando que el Niño ya está aquí. Este Domingo, que suenen las campanas, aplaudamos en nuestros balcones y lloremos de alegría, como lo hace la Virgen, porque este Domingo, su Hijo, vuelve a la vida.

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