Desde siempre

No recuerdo el día que nos conocimos. Sabes que tengo buena memoria y ese momento en que nuestras vidas se encontraron, el punto de partida de nuestros destinos en común, ha desaparecido entre mis recuerdos. Aunque lo más importante de esta historia, está grabada a fuego en mi corazón. Porque lo que los recuerdos pierden, lo encuentran los sentimientos.

Es al pensar en ti que aparece la gratitud. Por estar, siempre que lo he necesitado, pidiéndolo o sin pedirlo; por cuidarme, restando tiempo con los tuyos para dármelo a mi; por escucharme, entre cervezas y consejos, entre charlas interminables en días duros; y sobre todo, por respetarme, tal y como y soy (te ha tocado un cuñado coñazo), a mi y esa larga lista que ha desfilado por mi vida y sin más remedio por la tuya. Siempre con la mejor de las sonrisas, siempre con la mejor disposición, aunque en el fondo no quisieras. Son esa clase de gestos los que definen a las personas.

No, no recuerdo el día que nos conocimos, pero si todo lo demás. Nuestra juventud juntos, instituto, jueves gordos en la era del Carmen, tú con gafas, tú sin ellas, delgadita siempre, con ese punto de seriedad olvidado entre las cervezas que jamás hielan tus manos; conciertos y festivales, viajes, vacaciones y navidades. Porque eres joga, espíritu y búsqueda de respuestas. Inconformismo y cuidadora de tu gente. Madre, de unos hijos orgullosos de su madre. Hija, de una madre que presumiría de la hija que tiene y de un padre que la quiere con devoción. Hermana, de un hermano del que siempre fuiste su muleta y al que quiere como se quieren los hermanos. Esposa, de un marido que se despista en todo menos en lo que más le importa, que eres tú.

Mi cuñada. Toda una vida juntos, aunque el punto de partida esté desaparecido. Y es que quizás haya cosas que no recuerdo, pero siento todo lo demás. Por eso, ese amor que te tengo no es porque seas la mujer de mi hermano, sino porque eres una persona importante en mi vida, que lleva a mi lado, desde siempre…

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El paraíso

Os voy a contar un secreto. Yo sé dónde está el paraíso.

Fue sin querer, sin darme cuenta, sin buscarlo que lo hallé. Pasa con las cosas bonitas, con las que más deseas. Ocurre con los anhelos, con los sueños. Cuánto más cerca parece que están, más tierra de por medio hay, y es justo que los dejas de perseguir, que aparecen ante ti. Sí, tiene el universo esa manía de enredarlo todo. Quizás para que agradezcamos lo que tenemos y valoremos el tiempo que estamos aquí, o tal vez para hacernos ver que no era tan difícil lo fácil. Y lo fácil fue, lo sencillo que lo habéis hecho. Este amasijo de personalidades, tan suyas, tan vuestras, tan distintas, engarzadas a la perfección en una suerte de amistad qué transforma con la ayuda de la generosidad y el cariño, un puzle caótico en la más bella de las alianzas. Somos el resultado del tiempo, del amor, de las palabras y de la sinceridad, aunque a veces no nos guste escucharla, aunque a veces duela, pero ese es el camino para que la amistad sobreviva tanto tiempo. Y antes de que el alcohol obre su magia, quitando el blindaje a nuestra alma y nuestra vergüenza, y nos haga olvidar algún que otro momento de este día os voy a contar dónde encontré el paraíso. No estaba el final del camino de baldosas amarillas, allí dónde acabada el arcoíris, ni en el firmamento, escondido tras la estrella que más brilla; tampoco en la cueva de Alibabá con sus joyas, ni en las profundidades del océano durmiendo junto a la Atlántida; no lo busquéis bajo las equis que marcan los tesoros en los mapas. El paraíso no es un lugar, es cualquier momento que paso junto a vosotros. Una vida plagada de momentos que hacen que todo cobre sentido, por mucho que el universo se empeñe en hacer difícil lo fácil. Por eso hoy, aquí, este, es nuestro momento y nuestro paraíso.

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