Poca gente y muchas ganas. Varados junto a la barra, mirábamos impacientes a un escenario vacío y tan repleto a la vez. Un escenario pequeño que sobrevivió al fuego, quién lo diría, y que sigue presidiendo la Planta Baja de aquel garito. Cerveza en mano, deseábamos que comenzara el concierto, y en la espera, fotos a media luz, dónde salieron casi todos, emergiendo un arcoíris de contrastes entre otra vez más, y otra primera vez.
Cinco, de blanco todos, resaltando sobre el rojo de los focos, rojo que derivó en mil colores conforme avanzaba el espectáculo. Porque, aunque íntimo y reducido, lo que allí vimos, fue un espectáculo. Comenzaron lentos, desperezándose, despertando de buena noche, trazando a golpe de guitarra y batería , las claves de lo que quieren ser, tras lo que fueron. Sobrevivientes del naufragio, que empiezan de nuevo, tratando de alcanzar de nuevo las estrellas, desde aquí abajo. Y el nuevo proyecto suena muy bien. Sus temas tomaron forma, y mentiría si no dijera, que por momentos me recordaron a Supersubamarina, en la forma, en el sonido, hasta en la voz, aunque otras, la sombra de Nixon apareció por allí. Pero lo cierto es que tienen vida propia, sonido reconocible, que sabe a ellos, dulce, melódico pero potente. Nos regalaron temas nuevos, estrenando allí mismo lo que está por llegar, y como buen grupo, dejaron para el final toda la fuerza. Saltos, estribillos para acompañar, y las luces que seguían camuflándolos. Aplausos merecidos y ganas de más, como resumen a una gran noche.
Mientras los pocos allí reunidos se fueron marchando, a ellos les tocó recoger y empaquetar, como a toda banda que empieza. Nos pusieron la miel en los labios y nos dejaron saborearla, y mientras esperábamos para inmortalizar aquella noche, descubrimos que en las maletas dónde duermen los instrumentos, descansa un nombre que ya no olvidaremos, Melifluo…
Sábado, 15 de enero de 2022. Sala Planta Baja, Granada.