Melifluo

Poca gente y muchas ganas. Varados junto a la barra, mirábamos impacientes a un escenario vacío y tan repleto a la vez. Un escenario pequeño que sobrevivió al fuego, quién lo diría, y que sigue presidiendo la Planta Baja de aquel garito. Cerveza en mano, deseábamos que comenzara el concierto, y en la espera, fotos a media luz, dónde salieron casi todos, emergiendo un arcoíris de contrastes entre otra vez más, y otra primera vez.

Cinco, de blanco todos, resaltando sobre el rojo de los focos, rojo que derivó en mil colores conforme avanzaba el espectáculo. Porque, aunque íntimo y reducido, lo que allí vimos, fue un espectáculo. Comenzaron lentos, desperezándose, despertando de buena noche, trazando a golpe de guitarra y batería , las claves de lo que quieren ser, tras lo que fueron. Sobrevivientes del naufragio, que empiezan de nuevo, tratando de alcanzar de nuevo las estrellas, desde aquí abajo. Y el nuevo proyecto suena muy bien. Sus temas tomaron forma, y mentiría si no dijera, que por momentos me recordaron a Supersubamarina, en la forma, en el sonido, hasta en la voz, aunque otras, la sombra de Nixon apareció por allí. Pero lo cierto es que tienen vida propia, sonido reconocible, que sabe a ellos, dulce, melódico pero potente. Nos regalaron temas nuevos, estrenando allí mismo lo que está por llegar, y como buen grupo, dejaron para el final toda la fuerza. Saltos, estribillos para acompañar, y las luces que seguían camuflándolos. Aplausos merecidos y ganas de más, como resumen a una gran noche.

Mientras los pocos allí reunidos se fueron marchando, a ellos les tocó recoger y empaquetar, como a toda banda que empieza. Nos pusieron la miel en los labios y nos dejaron saborearla, y mientras esperábamos para inmortalizar aquella noche, descubrimos que en las maletas dónde duermen los instrumentos, descansa un nombre que ya no olvidaremos, Melifluo…

Sábado, 15 de enero de 2022. Sala Planta Baja, Granada.

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En el momento justo

No hubo pádel, a pesar de ir mentalizado. Pala al hombro y preparado para los golpes que habríamos de dar, pero el verdadero golpe, el de felicidad, me lo llevé yo. Usasteis el futbolín como parapeto, y asomasteis de la nada cuando entré. Mi incredulidad duró sólo unos segundos, lo que tardé en darme cuenta de la encerrona y de la sorpresa que me habíais preparado. Sonaba el “cumpleaños feliz” mientras aun no terminaba de creérmelo. Todos unidos y compinchados, para hacerme la mejor fiesta de mi vida. Abrazos, sonrisas, besos. Un aluvión de felicidad rebosando por mi cara. Entre cerveza y cerveza, el destripe de toda la fiesta. Partidas a ese futbolín que sirvió de escondite con un delantero que no se estaba quieto. Tapas para saciar el hambre, y regalos para no olvidar. Y en el culmen, una felicitación en forma de vídeos que todos enviasteis. Unos y otros, felicitando a este maduro que rejuvenece por momentos (al menos eso cree él); arrancando unas lágrimas y una emoción, que perduraran en mi corazón para siempre. Continuó todo como siempre lo hace. Chupitos y copas, música y baile. Y aunque la noche cayó y el frio nos alcanzó, aguantamos estoicos, hasta que el cansancio nos pudo. Me mecí entonces en brazos del sueño, sonrisa en boca, dando gracias a la vida, por haberme hecho nacer en ese momento, justo en ese momento, en el pude coincidir y conocer, a toda la gente que tengo a mi alrededor.

PD: Gracias por la fiesta de ayer, por los regalos, por la compañía, y sobre todo, por hacerme sentir, la persona más rica y afortunada del mundo.

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Cable a tierra

Año par y seguro que sobrevivimos, como todos los años. Queda poco para muchas cosas. Principios de los finales que llegaran en este año. Quizás olvide las “puñaladas traperas” que me dieron ya hace tanto y que aun escuecen. Lo mismo consigo desembarazarme de mi parte más rencorosa, aunque sin ella, quizás “no seré yo”. Así que le rezaré a “la Virgen de Humanidad” para que me ayude a ser un poquito mejor, doler menos a los demás y tratar hacer todo lo imposible por no apagar este “corazón de lava”, que arde y mantiene encendida mi alma. Viajaré, desde “Finisterre” hasta “el Imperio de Sol”, disfrutando de todos los momentos que me regaléis, porque quiero hacer este viaje con vosotros. Y a vosotros que os quedasteis, y a los que os fuisteis, gracias. Nadie tiene que estar, dónde no quiere estar. Por eso ahora sólo quedan, los que de verdad lo desean. Y aunque tenga poco, siempre lo compartiré, os doy mi palabra, porque “palabra es lo único que tengo”.

Dejamos atrás la imparidad, pero sólo por un año, que el siguiente vuelve sin más remedio. Quedan marcadis en “la diana”, los siguientes objetivos, planes a los que no fallaremos. Diversión a raudales, obligaciones sin remedio, y constantes ilusiones. Un año para nada aburrido, por muy par que sea. Llevaré conmigo el botiquín, ya sabes, por “si te quiebras” en algún momento y necesitas recomponerte. Ahí me tendrás, siempre “al final de la escapada”, y al principio, que coño. Que cuando empecemos juntos, acabemos juntos. Porque fuisteis, sois y seréis, mi “Cable a tierra”…

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