Últimas voluntades

Viaje tras viaje, hemos llegado aquí. Después de recorrer media península a lomos de la ilusión, en compañía de los Pellejeros, (unas veces fuimos más, otras menos), llevando siempre con nosotros el recuerdo de los buenos ratos y del tiempo ganado, dejamos atrás Portugal nos colamos de lleno en Ojén. Y Ojeando mucho, este año toca de nuevo festival. Durante el día, vamos de plaza en plaza rellenando nuestros vasos de música y cerveza. Buscamos los mejores sitios dónde comer, para copar las mesas de suculentos platos, aderezados con charlas y confesiones, de perdones y alguna que otra lágrima. Rodamos durante el día entre alcohol y risas, sabiendo que llegará una noche sin fin, que nos llevará hasta el escenario principal y el amanecer. Espero no equivocarme mucho un mes antes de que todo ocurra. En lo que no me equivocaré será en esto…
Casi cierra el círculo el más pequeño de los diez, aunque deberemos esperar un par de años para completarlo. Será justo el momento del regreso sin retorno del último de nosotros. Mientras tanto se entrecruzaran los círculos, comenzando otro que engarzará a la perfección con este sin cerrar, formando un infinito infinito que dejara nuestros nombres grabados a fuego en el tiempo. Quizás fuera casualidad que cada uno de nosotros estuviéramos en el mismo planeta que los demás y más importante aún, en ese mismo momento en que nuestras vidas coincidieron. Unidos desde que el recuerdo me permite, hemos conseguido pactar cuánto queremos perder cada uno para tener todos más. Envidiables y envidiados, es precioso oír hablar de nosotros como algo infinito pero tan reales cómo los miedos que tenemos. Porqué son los miedos los que hacen de nosotros algo imperfecto. Imperfección que encajamos a la perfección con el corazón de por medio. Ni las palabras ni las manos tuvieron nunca un enemigo tan feroz, ni el ruido una voz tan grande para acallarlo. Por eso ahora que estamos tan cerca de la costa, y un poco más lejos de la juventud, no dejemos pasar ni una sola ola pensando que volverá. No seamos como el resto. Presumamos del tiempo que pasó y de lo que hicimos con él. Enorgullezcámonos de lo que hemos construido, de lo que tenemos y del legado que dejaremos. Que el recuerdo de estos Pellejeros llegue tan lejos, que hasta las canciones hablen de nosotros. O eso me pareció a mi al escuchar esta. Por eso una de mis últimas voluntades, es que quiero que suene y nos recuerden con esta estrofa:
“Una vez brillamos, se que una vez tuvimos todo, una vez que fue una eternidad”

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Niño Pati

Te toca a ti.

Ahora que afeitaste la barba y dejas asomar la cara de niño, cumples un año más. Este 29 de Mayo es algo especial porque  coincides con la llegada del décimo miembro. No, no es tu Shaira, es Juanjo, y las coincidencias no existen. Tal vez sea una señal de buena suerte, de ahí que hayas vendido el piso, que lleves una temporada sin levantarte a las 5 de la mañana, y que se te vea más feliz que nunca. Porque quizás no lo has notado, pero los que te queremos nos hemos dado cuenta de que algo en ti ha cambiado. Lo mismo es madurez, a pesar de esa cara de niño o puede ser que te vayas dando cuenta de las cosas verdaderamente importantes de la vida. Una de ellas, la amistad, la verdadera. Esa con la que no se negocia, a la que no se le saca más beneficio que el tiempo que se comparte. De ahí que nos hayas abierto las puertas de tu casa, dándonos lo mejor de ti. Cobijo, hospitalidad y la mejor fideuá. Sí. Se te ve feliz y ojalá esa felicidad sea para siempre. Creo que ese deseo es el mejor regalo que te podemos dar tus Pellejeros. Porqué nos gusta verte así y porqué tu alegría es la nuestra. Como a todos, te queda mucho por vivir, por aprender y por mejorar. Sigue creciendo y sigue haciéndolo a nuestro lado.

Para el Niño Pati, de sus Pellejeros.

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