Plumas voladoras

Despertamos ávidos de sueño, hambrientos de un descanso que le recortamos a la noche por intentar alargarla más de lo debido. Partimos al amanecer y pusimos rumbo a la primera escala del viaje y tras ver levantarse al sol, desembarcamos en Arjonilla para ver a niños y niñas como intentaban mantener en el aire unas plumas, impulsándolas con sus raquetas de Badmitón. Las espoleaban unas veces llevándolas al límite de la pista y otras solo las empujaban , suavemente, para que cayeran a plomo tras una red que dividía los dos territorios. Uno tras otro, se sucedieron los partidos, quemando las horas que fueron pasando entre lecturas y mensajes de futuro, y desde unas gradas divisaba cada lucha por ganar los partidos mientras mi rodillas casi olvidan como se ponían rectas después de tantas horas sentado. Partimos cuando todo estaba decidido hacía el segundo puerto, en compañía de la noche y la lluvía, y mientras avanzábamos, la velocidad transformaba los paisajes en líneas monocromas, sólo iluminadas por los luces de los coches. Y aquí andamos, camino de una Sevilla que nos espera para ver si somos capaces de atravesarla corriendo…

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Inmóvil

Mecido por el paso del tiempo avanzo, aprendiendo a base de fracasos y sobreviviendo a base de ilusiones. Reflejos siempre de los sueños, a veces hechos realidad, imposibles la mayoría, pero siempre alcanzables al empezar a soñarlos. No fuí como soy, ni seré el mismo en un futuro. Moldeado y tallado, voy limando mi ser, teniendo más claro cada vez, que sí, y que no, quiero hacer,y sobretodo, que tipo de persona quiero ser. Erro más que acierto y aún así no dejaré de intentarlo. Tengo mis principios, bases que no quiero abandonar, porque me dan refugio cuando me pierdo y sentido a lo que hago. Sereno, camino nervioso por el mundo, intentando regalar felicidad, incluso en mis días más tristes. Y aunque notes que no dejo de moverme, en realidad estoy inmóvil, parado y centrado en las reglas que me guian, mientras otros viajan a la deriva, en un vaivén de contradicciones…

A mi cuñada, por tantas y tantas charlas…

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Una de monstruos y lágrimas

Vuela la imaginación, intentando huir del dolor de la realidad. Nos refugiamos allí donde empiezan los sueños, buscando consuelo en mentiras piadosas que nos hagan más fácil lo que es el hecho de vivir. Transformamos el dolor en pesadillas y el cansancio en deseos que jamás deseamos sentir, haciéndonos vulnerables a nosotros mismos, desmenuzando nuestra fuerza de voluntad hasta convertirla tan sólo en un recuerdo. Una lucha constante entre nosotros y el monstruo en el que a veces nos convertimos. Nuestras debilidades nos hacen humanos y nos acercan mucho más a la bella imperfección que nos convierte en seres únicos. Nunca el dolor nos enseñó tanto, arrancando de cuajo esas lágrimas que nunca regresarán, y jamás un monstruo, dió tan poco miedo…

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Calcetines impares

Dejamos atrás extraños días, que amontonados forman parte ya, como tantos otros, de nuestras vidas. Desahuciados del presente trajeron consigo la comparativa con sus gemelos pasados, decidiendo cual de todos fué el mejor. Añoranzas en forma de recuerdos unos, y liberación en otros. Charlas que sacamos a paseo, intentando analizar objetivamente parte de nuestra historia, sacando conclusiones propias, buscando la aceptación ajena para sentirnos bien con nuestra razón. Altibajos provocados por los sentimientos que nos atraviesan, despertando viejos recelos y unas ganas locas de desaparecer. Nos engañamos culpando al maldito Otoño que ya llegó, ese que trae consigo lluvía y tristeza. Volvemos a tender la ropa, colgando esos calcetines a los que siempre le falta la pareja, recordándonos a nosotros mismos, cuanto necesitamos encontrarla…

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Presencias

Semanas complicadas. Días en los que se agolpan los recuerdos, anegando todo a su paso, en un tsunami de lágrimas por la esa ausencia tan dolorosa. Sentimientos a flor de piel, temiendo la tristeza de los demás antes que la propia, transformando en regresos y compañías, las ausencias esporádicas. Habita en cada rincón de la casa, en cada hueco del corazón. Aparece en el fondo de los cajones y en las portadas de los libros. Flota en las notas de su música y vive en vuestra alma. No abandona su hogar a pesar de que ya se fué, y aunque el tiempo no se detuvo por ella, paró la vida un instante. No hacen falta estos aniversarios malditos, para transformar su ausencia en presencia…

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Teatro

Retornamos al pasado, en un juego de transformación y disfraces. Cortamos calles para vestirlas de medievo, plantando puestos y casetas, imitando lo que hace ya tanto desapareció. Un mercadillo medieval sobre el asfalto al que camuflan con paja para intentar que se parezca a aquella época remota. Cetreros y arqueros, colgantes y pulseras. El gentío caminando por unas calles que se olvidan de coches para ser pisoteadas por infinitos paseos de todos aquellos que se detienen en cada mostrador, admirando cada una de las cosas que se venden. No habrá trueques, tan sólo la vulgaridad de dar a cambio de unas monedas, el intercambio mundial, que se convirtió en consumismo. Bufones y zancudos animando el espectáculo, malabaristas intentando enseñar su arte y unas flautas y gaitas, poniendo banda sonora, al teatro del pasado…

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Rosario

Pólvora impulsora, elevando unas cañas preñadas de colores y de estruendo, que al llegar a lo más alto, desatan un mar de luz que ilumina el cielo y su oscuridad. La acompañan en su paseo anual por las calles de un pueblo que no olvida a sus Santos. Devoción por la Patrona, que camina a hombros de unos seguidores que olvidaron ya hace mucho el peso que llevan sobre sus hombros. La banda marca el paso, entre el silencio y las lágrimas de todos aquellos que adoran a su Virgen. No deja el cielo de tronar ni los corazones de latir, entre vítores y aplausos, y así, otro año más, sacamos a la patrona para que vea cuanto cambia el mundo de un año para otro y que poco, las tradiciones…

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Resucitado

Resucité, de la pronta muerte, que vino a buscarme injustamente, sin tener siquiera mi permiso. Resucité, entre el silencio y el olvido, volviendo a abrir los ojos de aquellos que ya celebraban mi ausencia. Resucité, harto de no ser, desaparecido en una tumba que aún no me correspondía y en la que me acomodaron más por obligación que por necesidad. Resucité, traído de la mano de segundas oportunidades, empujado por «el repite y suerte» de un juego del que era complicado escapar. Resucité que no reviví, porque lo que ya había vivido no se volverá a repetir. Resucité cargado de miedos otra vez, y de ilusiones también, porque vuelvo de nuevo a respirar sabiendo que antes o después, volveré a morir otra vez…

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