Otro año más sin ti, sin tu presencia que no sin tu recuerdo, y el mundo sigue girando. Continuo en esa ambigüedad de sentirte tan cerca a pesar de tu ausencia, y tan lejos aunque vivas cada día entre mis pensamientos y sobre mi mesita de noche. Quisiera saber de lo que dejaste aquí; de tu hijo, como estará, si recuerda a su madre, como hace para no perderse sin ella, si es feliz, si heredó tu bondad; de tus padres, que han tenido que sobrevivir a dos de sus hijos, criando a dos nietos, si seguirán aquí; tu casa, refugio de tus animales, si seguirá perteneciendo a tu familia, o la vendieron para que tú recuerdo y el dolor que lo acompaña, cesara. Si seguirá en pie, o sus muros habrán caído por no soportar el peso de tu ausencia. En octubre pasaré cerca de allí y me acercaré para averiguarlo, una excusa barata para tratar de sentirte de nuevo cerca, para imaginar tu sonrisa tras la puerta que ya nunca volverás a abrir. Y ojalá no fuera así, ojalá no tuviera que pasar por tu casa a sufrir, pero es otra manera de decirte, que te echo te menos, aunque eso ya lo sabes, como también sabes que sigo llorando cuando me asaltas en las noches, también en el día, porque tienes la mala costumbre de meterte en mi cabeza, lo mismo que te colaste en mi corazón.