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Te recuerdo, pequeño, indefenso, amarrado a una vida, que ya nada más nacer, te lo quiso poner difícil. Pero a base de esfuerzo, sobre todo por tu parte, y de amor, todo el que la mami y yo te pudimos dar, sobreviviste y creciste. Tus hoyuelos en la cara, son el reflejo de la felicidad. Has sonreído desde siempre y te has conformado con lo que podíamos darte. Tal vez no ha sido todo lo que esperabas, pero hemos intentado que fuera lo mejor. Soñaba los fines de semana con Max Steel, con Código Lyoko, con Slagterra, y muchos más personajes de ficción, que hacían de nuestra realidad algo especial. Siempre pegado a mí, abrazado, y viendo como has pasado de perderte entre mis brazos, a no poder abarcarte en un abrazo. Has crecido y sobre todo madurado, aprendiendo desde muy pequeño, lo que está bien y lo que está mal, y procurando hacer siempre lo correcto. Se que has apretado los dientes y tragado con cosas que no te han gustado, y eso, te hace fuerte, mejor. Y me gusta. Me gusta la persona que se está forjando, el adolescente que aún sueña y juega con su Play, pero responsable. Has alcanzado los 14, acumulando vida, sumando experiencias, y la niñez se ha ido diluyendo. Este 23, alumbra un adolescente feliz, un hijo maravilloso, y una gran persona. Así que llegado a este punto, no se si felicitarte por tu cumpleaños o felicitarme yo, por el hijo que tengo.
PD: El buen camino, siempre tiene recompensa, y sigue así de feliz. Procuraré estar siempre a tu lado para ayudarte a lograrlo

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Manual de construcción

Todo termina con una demolición, o empieza, nunca se sabe. Construir una personalidad, fabricar quiénes seremos, no es un trabajo de un día, es una obra infinita, sino quieres dejar de crecer. Todo cuenta. Lo bueno y malo. El dolor y la alegría. Las ilusiones, cumplidas o no. El deseo, el miedo, el valor. Vas construyendo paredes, decorando y pintando, aumentando por años tu casa. Y lo que en un principio te valía, será desechado pasado un tiempo. Cambiarás, te transformarás, echando abajo todo lo edificado, y volverás a empezar. Sólo los cimientos sobrevivirán. La ética y los valores, mantendrán viva una edificación, que cambiará de forma, pero no de fondo. Planos y planes nos mantendrán vivos y cuerdos, y en ellos, encontraremos las razones, respuestas que aparecerán a la par, que más preguntas. Y volveremos a derribarlo todo. Somos el resultado de nuestros propios escombros, edificaciones que se alzan sobre nuestros fracasos. Prueba y error, el constante crecimiento personal para alcanzar la felicidad. También está la opción de conformarte llegado cierto punto, y ahí estancarte. Una opción tan válida como otra cualquiera, pero bastante más aburrida. Así que, si decides arriesgarte, ensuciarte, y ponerte a construir, no olvides el manual…

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Estados

Hemos olvidado cómo hacer las cosas en silencio. Mantener el anonimato es cómo no existir y no existir, duele. Que no te tengan en cuenta, hunde cada vez más en el olvido. Parece que si no publicas lo que haces a diario, es como sino lo hubieras hecho, y cuanta más gente lo sepa, más importancia tiene. Y es que la carnaza para cotillas, se ha puesto de moda. Información para quién quiere saber y satisfacción para el que la da. Las dos caras de la moneda, aunque suelen ser la misma gente, una y otra. Sabemos más de los demás que de nosotros mismos y hacemos más cosas por publicarlas, que por disfrutarlas de verdad. Si sales a correr, si vas de cervezas, si inflas la hucha, si estuviste en aquel famoso restaurante o si vienes de un concierto. Compartimos nuestras vidas sin reparo, sin restricciones, y nos escandalizamos si alguna información es errónea. Porque cada uno saca sus conclusiones de lo que ve, y lo que tú colgaste con una intención, ni por asomo se parece al resultado final. Mostramos a nuestros hijos sin reparo en el escaparate de cualquiera, nuestros viajes y nuestros sentimientos. Intentamos dar la clave de cómo nos sentimos y nadie nos entiende. Buscamos las respuestas en la opinión de los demás, aún sin saber que pensaran, aunque un solo mensaje de conformidad nos basta. Damos el control de nuestras vidas a otros, porque nosotros no le encontramos el sentido. En fin, somos cotillas por naturaleza, y estúpidos. Y ahora toca dormir, no sin antes echar un vistazo a los estados…

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«Sigo aquí»

Respiro, y aún mejor, vivo. Aquella pequeña vibración, aquel temblor inaudible fue cogiendo fuerza, creciendo bajo mis pies e hizo estallar sobre mí, el Universo y sus entrañas. Una reacción en cadena que voló mi mundo, destrozó mi alrededor tal y como lo conocía, y me obligó a empezar de nuevo. Una decisión tras otra, los pasos hacía el abismo no cesaban, sin frenos y sin paracaídas. El miedo como compañero y la desesperanza como aliada. Compañías poco recomendables para un viaje a los infiernos. Y el último empujón, el del desamor, el tercero en discordia y el que clavó la puñalada más certera. No quedó nada de mí, nada. Ni luces, ni sombras, ni ganas, ni siquiera recuerdos. Un alma en caída libre hacía su propia destrucción. Días martilleando una cabeza que ya no quería pensar dentro de un cuerpo al que no le apetecía respirar. El anhelo ahogando una vida carente de ilusiones. Un agujero negro en mitad de la nada, que se bebió mi luz. Había tocado fondo. Aplausos de unos pocos e inquietud de muchos. Pero lo mismo que empezó, terminó. Una pequeña vibración, un leve temblor, que devolvió lo robado: la luz y la vida. El Yin y el Yang manteniendo el pulso constante, para que el equilibrio no se pierda. Y de nuevo, el Ave Fénix sobrevolando vuestras cabezas, cenizas transformadas en vida.
Y a los que aplaudieron, “Sigo aquí, lo ves, lo veis…?”

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