“Siempre fue mejor lo no buscado», dice Izal y dice bien. Hace tiempo que desistí de buscar y decidí quedarme conmigo, dedicarme a mi. No había frutos, por una u otra razón, tan solo dolor y daño. Opté por no acercarme a nadie más allá de lo sexualmente convenido, dejando claro desde el principio las opciones que quedaban abiertas. Un convenio aceptado por ambas partes y que eximía a todos de la culpabilidad en la toma de decisiones. Frívolo, lo sé, pero eso es lo que busca la mayoría de la gente hoy en día, o eso dicen, aunque todos en el fondo buscamos algo más. El problema es que cuadre, que encuentres a alguien que reúna todo aquello que quieres y aún después de haberlo hecho, que salte esa chispa y que prenda la llama. Nos mentimos cuando tenemos que buscar una explicación convincente de que nuestra situación es perfecta, cuando topamos con gente que acaba por no aportar y sigues creyendo que son la mejor opción, cuando intentas hacerte creer, que la soledad, es la mejor compañía. Y es en tu mundo, en esa burbuja que has creado y que piensas que es perfecta, la que no quieres abandonar, que te asalta el destino, y en una conexión inexplicable de vidas, de conocer unas a través de otras, encuentras por casualidad aquello que no buscabas pero que tanto soñabas. Es entonces cuando te das cuenta de que aunque tarde un poco más, lo imposible, acaba por llegar…
Día 24 y los que quedan