Enredados en la belleza de la novedad, emprendemos una nueva aventura, sin miedo a lo desconocido, sin calibrar el peligro, cegados por una nueva luz que anula todas las sombras que se ceñían sobre nosotros. No había partes negativas, todo era tan bueno como nosotros quisieramos. Charlas que desnudan un alma sin decir toda la verdad, esa que va apareciendo con el paso de los días, pasito a pasito, asomando tras los gestos, en cada reacción y que deja ver al verdadero ser que habita dentro de cada persona. Todo se va aclarando entonces, son miedos, sin tensiones. Ya no existe la ceguera de la primera impresión. Olvidamos el tener que impresionar para gustar y es así cuando nos mostramos tal cual. Entonces es cuando tenemos que descubrir si los encantos, ganan a los desencantos…