Ha tirado del resto de mí, junto con todos aquellos que jamás me dejarán caer y vuelvo a estar en pie. A punto de zozobrar, conseguí sortear la tormenta que me hizo perder el rumbo. Y la verdad, tampoco es tan malo perderse de vez en cuando. Descubres nuevas rutas, nuevos paisajes y sobre todo, te vuelves a superar, demostrándote a tí mismo que nada es imposible. Cantos de sirena que te hacen enloquecer y a falta de enemigos, luchas contra tí mismo. Muros que jamás debiste construir y que ahora toca volver a derribar. Vuelvo a encontrar todo aquello que quiero ser y para no olvidarlo, mi espalda me lo grita a diario… Vuelvo a navegar por mares en calma intentando llegar a un destino, aún por descubrir…