Conversaciones aisladas

Suele ocurrir así, que cuánto más hablas, más alto te encuentras. Es la ley del WhatsApp. Necesitas charlar, mantener vivas las palabras entre uno y otro, para no desaparecer entre las conversaciones olvidadas, aquellas a las que diste los buenos días hace tres noches y aún no han despertado. A esas que preguntaste “Que tal vas??” y sigues esperando en la sala de urgencias de los días, preocupado por si le ocurre algo cuando en realidad sabes que lo único que tiene, es que no quiere contestar. Y es que a través de las palabras, de los acentos que se ponen, o no, ni siquiera en la vida, haciendo notar, que ganas se tienen; de los signos de puntuación que olvidamos, así como olvidamos a los que no queremos ya cerca de nosotros, camuflando la desgana con emoticonos, que nos libran de tener que expresar o explicar lo que está claro sin escribir. Es fácil entablar conversación sin poner cara a nadie y fácil elegir el tono con el que creemos que nos hablan, inventando mil historias, alteradas por nuestro estado de ánimo, más que por el del que nos escribe. Así de fácil es ir dejando de lado a las personas en este tipo de chats. Basta con dejar de escribir. Las conversaciones se irán aislando, cayendo a lo más profundo de las pantalla, arrastradas por el olvido, allí donde nadie puede verlas, dejadas de lado por unos dedos que eligieron otras charlas a las que alimentar. Lentamente se irán apagando, desaparecerán las preguntas y las respuestas, quedando sólo la mínima obligación que el tiempo engullirá también hasta borrar completamente a esa persona de tu lista de contactos y de tu vida. Lo mismo de fácil que en la vida real, sólo que aquí, no tienes que mirarle a los ojos para decirle adiós…

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Desconfianzas razonables

Era lógico que desconfiaran y que no me creyeran. Inmerso en mi rareza, nunca he sido capaz de saber estar solo, asustado siempre por no saber disfrutar del tiempo que te da a-compañía. No es algo a lo que estuviera acostumbrado, como si yo mismo no me bastase, como si yo no fuera suficiente para hacer las cosas y disfrutar, queriendo siempre volcar mis cosas en otra persona, achacándole errores que sólo eran míos y ejercer así de cobarde para no asumir, ni riesgos, ni responsabilidades. Y a base de tropezar, caer y levantarme, he ido aprendiendo, dejando por el camino un reguero de dolor que no se si el tiempo podrá sanar. No tengo claro que el tiempo lo cure todo, aunque tal vez alivie. Así, aburrido, triste, perdido, hundido en la más tediosa rutina, y quedando toda una vida por delante, decidí abandonar cualquier camino que condujera a los mismos sitios, dejando de ser yo, para no volver a dañar a nadie. Fueron las malas decisiones y el dolor infligido, los cimientos del nuevo Yo. He transformado mi cuerpo y mi mente, buscando a Ese más acorde que habita en mi interior. Me cansé de soñar y decidí imaginar, creando la realidad que yo quiero. Y soy feliz. Ahora soy capaz de viajar solo, de caminar solo, de vivir solo. Es mi propia luz la que necesito, aunque deje espacio para otras. Ya no es una necesidad la compañía sino una decisión. Otro paso más hacia la transformación, aunque es razonable que desconfiéis…

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Un último intento

No se si es al despertar o al acostarme, porque es en ese intervalo de tiempo donde no soy consciente de la vida, tan sólo espectador de mis sueños, es que me animo a continuar adelante. Vivir duele, pero morir no te deja sentir, y puestos a elegir, quiero comprobar cuanto dolor puedo soportar antes que cerrar los ojos para descansar eternamente. Quiero que valga la pena, que cueste, sentir tantas emociones y sentimientos, que me sienta tan vivo como la vida misma. Quiero amar, odiar lo justo, que luego pesa mucho esa carga, y quiero ir ligero para volar. Quiero enfadarme cuando algo me duela, discutirlo con quien toque para acercar nuestras ideas y descubrir en sus puntos de vista, las respuestas a mis preguntas. Quiero desear, que me deseen, que sueñen conmigo mientras imagino, como me imaginan. Quiero dejar huella, un recuerdo imborrable que me haga inmortal aunque en realidad da igual, porque los que deben recordarte, también desaparecerán. Los recuerdos sobreviven a los muertos en la mente de los vivos, hasta que mueren también. Así que vamos, partido a partido, día a día, luchando por hacer todo lo mejor posible, poniendo el alma en los que hemos, y haciendo cada día, un último intento…

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La Isla

No dejaban de mover sus aspas a mi paso, en un saludo que no cesa mientras quiera el viento, ni se transformaron en gigantes los molinos por mucho que lo deseara. Era un plan premeditado hace tiempo y cancelado unas cuantas veces, y todo, porque no era el momento. Pero el momento se hizo carne y viajé hacia la soledad de mis pensamientos, hacia la necesidad de respirar aire diferente o simplemente poder respirar. Hui, como hacen los cobardes y los necesitados, pero sólo parcialmente, que se que hay que regresar y quiero tener un lugar a donde hacerlo. Allí las voces cogieron forma, rellenando de carne y hueso la cara imaginaria de quien habla contigo casi a diario y así conocí a quien inició todo y a quienes ahora lo mantienen. Me regalaron amabilidad, compañía y nuevos puntos de vista traídos del extranjero. Hablamos de sus vidas y de la mía, uniendo puntos del Universo que hasta ayer parecían dispersos. Bajo el sol y el grito del viento nos despedimos hasta la próxima, porque supimos seguro que la haremos realidad y caminando volví a La Isla, única del mundo a la que no se llega nadando, blanca, impoluta, acogedora, familiar. Imagen y semejanza de sus creadores, los mismos que me llevaron de las mano a recorrer montañas, playas y castillos, mostrándome el pueblo a través de sus ojos. Me descubrieron historias del pasado, calas vírgenes y playas en las que quisiera morir para seguir haciendo honor a sus nombre. Y hubo más charlas, conversaciones de vida que te demuestran que la buenas personas sobreviven al infierno, y que siempre se encuentran donde memos te lo esperas. Duermo esta noche en La Isla, respirando hondo para guardar todo, lo más profundamente que pueda y así no olvidar recordar…

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A pesar de todo…

Basta con pensarlo. Imagínalo, siéntelo, vívelo, sólo así se hará realidad. Ha sido un camino largo el que hemos recorrido, nada comparado con el que nos queda, sólo que ahora conocemos los atajos y podemos decidir si hacerlo pesado o aligerarlo. Y es que los años nos acercan a la vejez en la misma medida que nos alejan de la juventud, pero es esa distancia exacta entre ambas, la que no se mueve y en la que queremos permanecer para no sentir que avanzamos pero tampoco parecer varados. Estamos justo en la edad de encontrar respuestas a las preguntas que nos hemos hecho durante todo este tiempo, de comprender que seguiremos cometiendo errores a pesar de todo, y de importarnos de verdad una mierda la opinión de los demás siempre que estemos en paz con nosotros mismos. Estamos en ese momento de la vida en que ya no hay vuelta atrás si es que alguna vez la hubo, en el momento de saborear cada instante porque cada vez más, puede que sea el último. Ahora dividimos los días en momentos y luchamos por disfrutarlos para sentirnos más vivos que nunca, huyendo de la rutina que nos ancla al repetitivo pasar del tiempo. Hemos llegado hasta aquí orgullosos de nosotros mismos, a pesar de todo, y sin embargo, nos queda tanto por hacer… Te apuntas??

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Ruido blanco

Ya huele pólvora, a silencio plano inconfundible de los petardos que no callan, envolviendo todo en un murmullo incesante de humo y estruendo. Vuelve a renacer junto al Niño la tradición a la que transformaron en fiesta de interés para poder sobrevivir al tiempo y a las nuevas leyes, aquellas que no entienden de sentimientos y de todo lo que arrastran. Vuelve el baile, el salto asustadizo del que empieza y la necesidad del que lo lleva haciendo toda la vida, las pisadas envueltas en chinos y explosiones, sintiendo las salpicaduras ajenas como si fueran nuestras. Despertará la mañana a golpe de huevos y cerveza, juntando a su alrededor a los Culleros, petarderos desde la cuna que acompañarán al Resucitado y su Madre en procesión circular, y acabarán como cada año, inclinándose el uno ante el otro sin saber quién reverencia a quién. Vuelven las ganas, el nerviosismo de todos los años, el cielo despejado que siempre nos brinda el Domingo de Resurrección y que une a todo nuestro pueblo en la gran fiesta, bajo un manto de Ruido Blanco…

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