Yo tenía un pueblo en Granada. Añoro pasear sus calles, añoro a sus gentes, y sobre todo sus costumbres y esa esencia de pueblo granadino.
Echo de menos el sentarse al fresco en la calle con Culleros, catalanes y franceses, cuando mi abuela me “ordenaba recogerme” aún siendo niña.
Niña, decía, vete a las primas Emilicas y tráete cuarto y mitad de longaniza. Añoro el olor a torticas los domingos, ir al horno de Santiago a comprar pan y su olor, a ese pan recién hecho.
Mi añorado repicar de campanas, los cantos de la Aurora la madrugada del 14 de agosto y ese tintineo de campanillas.
Las carreras de cintas y el día de la virgen, su arroz y su fuente del vino!!
Salir con mi gente y no tener horas para entrar en casa, pasar todo el día en la calle.
Recuerdo las tardes en el Cacharro, y recuerdo las noches en el Cacharro con tanta gente bonita, y su cartel de «Prohibido fumar porros”. Añoro las tardes en los ensayos y las noches en los ensayos con mis “peluos”.
A ese amor inocente y casi pueril gestado en veranos, que se ha convertido ya para siempre en el amor de mi vida.
Esos secaderos llenos de tabaco colgado con tanto esfuerzo y trabajo.
Os añoro tanto que yo no tenia un pueblo en Granada…
Yo tengo un pueblo en Granada, mi más preciado tesoro. CullarVega… nunca el final del verano había dolido tanto sin estar en Granada ❤️
Texto de Cristina Sánchez Terribas
PD: Ese pueblo te espera, siempre. No tardes en venir…