Signos de puntuación

Abro comillas.

Tras ellas, una historia cualquiera, como la tuya o como la mía, y todo literal, que para eso hay comillas. Lo que dicen unos, lo que entienden otros, pero una historia. Cargada de interrogantes (eso siempre), por detrás y por delante. Atascada a veces en búsquedas infructuosas que no llevan a ningún lado, salvo al punto que marca el final de la frase. Un punto final que tanto nos cuesta poner, camuflándolo a veces y por miedo, en un punto y seguido. Pero recuerda: en la vida como en ortografía, tres puntos, son suspensivos, y casi siempre es una forma de decir todo sin decir nada. También puedes hacer un paréntesis. Ese descanso para aclarar, o simplemente para desaparecer un rato, un momento, un instante. Todo separado por comas para no dejarte sin aire, pero sin abusar de ellas o entrarás en la espiral de las pausas infinitas. Y hecho este paréntesis del paréntesis, volvemos a dónde lo habíamos dejado. La historia, unida por guiones a la vida, costuras del lienzo que conforma el universo; la tuya, la mía, la de cualquiera, acentuando lo importante, (sin tilde). Casi llegamos al final, que llega tras una coma pero se despedirá con un punto casi final. Y es que esto de despedirse no es fácil, ni comprender lo escrito, porque dependerá de como quieras entenderlo tú, como la vida…

¡Ah! Casi lo olvido. Las comillas jamás pueden quedarse abiertas. A saber lo que se cuela por ahí. Así que…

Cierro comillas

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El trayecto

Me gusta viajar. No lo hago tanto como me quisiera, pero me gusta. Diría que casi es una necesidad, aunque como tantas otras necesidades, queda aparcada tras las prioridades. Soñar lo diferente, respirar un aire que no es el tuyo, conocer nuevos horizontes, empaparte de aguas desconocidas, descifrar idiomas, perderte en una tierra que no es la tuya. Un avión que surca el cielo, un barco que deja su estela en el mar, un coche que devora kilómetros. Trayectos que acaban en destinos inciertos.

Lo cierto es, que ahora estoy embarcado en el viaje más importante: la vida. Ya llevo 50 años. Doblegando los días y poniéndolos a mis pies. Atacando los años, que como Titanes tratan de devorarme. Trazando líneas entre puntos tratando de encontrar el destino correcto. Puntos, que intento hacerlos suspensivos para que no tengan un final. Un sinfín de batallas, bregadas entre la alegría y la tristeza, pero con saldo final de incontable felicidad.

Y este viaje, siempre lo hice en compañía. En la vuestra. El sábado vinisteis a recordarme lo afortunado que soy de tener a tanta gente a mi lado. Gente que se preocupó, se preocupa y se preocupará de mí, esté dónde esté, sin importar el tiempo ni la distancia. Personas del pasado, tan presentes, que jamás se convertirán en recuerdo, y gente tan presente, que hacen que me olvide del olvido. Vosotr@s que me queréis, vosotr@s s los que quiero. Sois mis imprescindibles. Y aunque todavía no tenga claro “a donde ir”, si tengo claro con quién quiero compartir el trayecto.

Gracias por todos estos años a mi lado, por un sábado inolvidable y por hacerme sentir como me siento.

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Querido hermano

En este día tan especial, quiero expresarte cuánto significas para todos nosotros. Hoy no solo celebramos tus 50 años de vida, sino también el increíble viaje que has recorrido para convertirte en el padre que hemos añorado durante todos estos años.

Naciste de familia humilde y trabajadora. Heredaste la apariencia, inteligencia, ideas políticas, el placer de la lectura y escritura, mujeriego y ante todo el gusto por la música de tu padre pero lo más importante lo heredaste de tu madre como es el corazón, la humildad y el amor que constantemente ofreces a todos los que te rodean. Con todo esto mezclado aquí estás juntándonos a gran parte de tu vida que te apreciamos y queremos compartir contigo este día tan especial. 

Juguetón de pequeño pero tardaste poco en darte cuenta de tu gran vicio… hacerte querer. Siempre he pensado que fue por la falta de cariño que pudiste echar de menos, pero recuerdo los tiempos en los que la vida nos desafió y tú, con toda tu fortaleza, asumiste roles que nunca imaginamos. En momentos de ausencia, te convertiste en el pilar que sostuvo a la familia, llenando cada espacio vacío con tu amor incondicional. Te convertiste en el padre que anhelábamos, el que siempre estuvo presente.

A lo largo de los años, has tejido un tapiz de experiencias, algunas llenas de risas y otras con lecciones aprendidas. Tu espíritu libre y tu encanto han atraído a personas de todas partes, creando recuerdos que son tan variados como fascinantes. Aunque a veces esos capítulos de tu vida hayan sido complicados, reconocemos que cada uno de ellos ha contribuido a la persona única que eres hoy.

Eres el ejemplo viviente de cómo el amor puede superar cualquier obstáculo y cómo el compromiso puede moldear un destino. Celebramos no solo tu cumpleaños, sino también la hermosa persona en la que te has convertido. Has construido puentes de amor que han unido a nuestra familia en una fortaleza indestructible. Cada risa compartida, cada lágrima consolada, son testigos de la profunda conexión que hemos forjado a lo largo de los años.

Felices 50 años, querido hermano. Que este día esté lleno de alegría, reflexión y gratitud por la increíble travesía que hemos compartido. Estamos agradecidos por tu presencia constante y por ser el padre que siempre hemos deseado tener.

Con todo nuestro amor

Un relato de Jorge Reyes Roldan y Javier Reyes Roldan. Mis hermanos, mi vida.

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Y por fin… la lluvia

Supura el día agua, por las 24 horas. Ha venido a limpiar, a sanar, a llevarse con ella la sequedad que durante tanto tiempo hemos llevado adherida. Arrastra con ella los recuerdos de una Navidad tan como siempre aunque aderezada este año con la insensatez de descubrir por las calles de Graná, los vermús y las tascas. No en ese orden. Quebraron las nubes, regando el suelo, formando charcos, iluminando a pesar del cielo negro y regalando futuro. Llueve, a las puertas de mis 50, dotando a mi boca de una sonrisa más amplia si cabe que la que ya hace algún tiempo tengo. No es más que el reflejo de la felicidad que como la lluvia riega mi vida y alimenta mi alma. Ese amasijo de buena gente a mi alrededor, hijo, madre, hermanos, y amigos; esa música que no cesa, esas aventuras en forma de libros, esas series tan mías; esa sensación de que nada es perfecto ni quiero que lo sea. Tal vez sea plenitud, o quizás su quimera, pero lo cierto es que los años te dan una nueva visión de todo cuánto acontece a tu alrededor, acompañada de la tranquilidad y seguridad para entenderlo; claridad y perdón para impedir que los malos sentimientos te jueguen una mala pasada. Y sobre todo, el valor para ser uno mismo y aceptarse tal cual es. Si, por fin llegó la lluvia y con ella el lustro. Y si lees bien entre la maraña de palabras, pensamientos y sentimientos, seguro que te encuentras, porque ya formas parte de mi. Gracias por acompañarme en este viaje. Y mañana, no olvides coger el paraguas…

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