Despertares

El camino hacia la luz es complicado. Ni siquiera se si hay luz, ni mucho menos ese camino. Lo que si hay son personas que lo buscan ansiosamente, tratando de hallar en él, algo mejor. Los hay reales, ciertamente perdidos que necesitan una tabla de salvación, algo a lo que aferrarse para no hundirse y encontrar sentido a la vida. Otros que quieren mejorar, madurar, aprender constantemente porque tienen claro que no hay límites en la mente humana y menos aun, en sus ganas de seguir creciendo. Luego están los que creen que tienen las respuestas a todas las preguntas, que poseen la sabiduría que aprenden en libros de cuentos o de charlatanes iluminados por el universo. Minorías contra el sistema, viviendo del sistema. Hipócritas, vaya, que se desdicen con sus hechos, mientras tratan de enseñar a los demás con su verdad absoluta. Egos que miran por encima del hombro a los que no son como ellos, a los que no piensan como ellos, y tildan de ciegos a los que no ven como ellos. Pedantes que creen que su forma de vida es la salvará al mundo, pero sin su ayuda. Un sálvese quien pueda, como acto de “altruismo egoísta”, porque ellos viven tan acomodados en la verdad, que no tienen porque esperar a nadie. No es problema de ellos si la gente se cuida o no, si la gente está bien o mal. En su listado de normas, no entra la preocupación por los demás. Gente que habla de la luz, sin importarle la luz. Discursos para lavar sus conciencias y tachar de ilusos a los demás. La luz y su camino. El despertar de las conciencias y la sabiduría oculta. Cada uno que lo llame como quiera. Pero mientras unos lo hacen para mejora propia y de quien los rodea, desinteresadamente, habiendo encontrado una razón para vivir felizmente, otros sólo buscan su interés, disfrazando sus discursos de consejos para ayudar a quiénes los escuchan, y engañarlos con falsas historias. Falsos profetas que hablan de despertares, a distintos ritmos, como si ellos ya estuvieran totalmente despiertos, cuando en realidad, viven en la oscuridad más clara…

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Seres de luz (Segunda parte)

Volvimos con las ganas de quien le supo a poco, algo cansados, bastante sonrientes, y la tarde nos recibió, volcando sobre nosotros su claridad y su luz. Vips deseosos de todo comenzara, porque tocaba maratón de conciertos aquel sábado de Granada Sound. Nos recibimos con cerveza, nos fuimos a la arena para recibir a los que no habían podido venir el día anterior y nos dispusimos a escuchar a los primeros. La la love you, desplegó su música y su buen hacer. Divertidos, fácil de escuchar. Sonido fresco y buen espectáculo sobre el escenario y sobre todo, originales. Manos en alto y aplausos para recibir “el fin del mundo” y con él, el principio de todo. Tras ellos, emergió Dani Fernández, un popero entre nosotros, y sorprendió. Sorprendió por su potencia, por sus tablas sobre el escenario, donde desgranó sus temas dotándolos de vida, mientras miles de gargantas los coreaban con avidez. Un gran espectáculo en el que tuvo tiempo de recordar con un homenaje a los más grandes del indie, ausentes obligados de la música y los escenarios: Supersubmarina. Tocó sin complejos el tema que lleva su nombre: “Supersubmarina” entre pelos erizados, recuerdos y más de una lágrima, sucedió la primera gran explosión del Sábado. Entre las miles de personas que estábamos allí, no había nadie que no cantara “su, su, su” canción. Sin poder recuperar el aliento, llegó Rigoberta Bandini y sus tetas. Les cantó y las enseñó, todo sin complejos, todo con un espectáculo muy festivalero, acompañada de bailarinas, entre ritmos discotequeros y discursos emotivos. Todos cantamos a su “Mamá” subiendo la temperatura de un recinto en el que para entonces, ya no cabía ni un alfiler. Ni siquiera el silencio tenía espacio. Alizz sirvió de transición antes de que llegaran nuestros granainos. Un buen concierto, con ritmos tranquilos, algo más comedido de lo esperado, pero que superó con nota. La noche cerrada dio la bienvenida a Lori Meyers, que comenzaron y acabaron como se esperaba de ellos: caña, mucha caña. Nos hicieron bailar de la primera a la última canción. Supieron encajar su último trabajo con los anteriores, componiendo un mosaico uniforme de canciones que eligieron con gusto para hacernos bailar sin descanso. Sonido característico Lori. Aromas a tiempos pasados engarzados sin esfuerzo con el indie actual. Letras con mensaje, parapetadas tras guitarras que sonaron limpias, claras, recostadas en una batería que no las abandonó, procurándoles los ritmos para que no se perdieran, y acompañadas por un bajo que tomaba el mando cuando tocaba, dieron como resultado un sonido potente y melódico a la par, y que en conciertos explotan con sabiduría. Un verdadero espectáculo que nos pareció efímero. Cuando nos quisimos dar cuenta, ya había terminado y sin creernos lo que habíamos vivido, llegaron Sidonie, que fueron de menos a más. Con un sonido que engancha, hicieron las delicias de los allí estábamos. Y lo empezó tranquilo, terminó con fuerza. Supongo que es la experiencia es un grado y ellos le sacaron partido. Nos “fascinaron” y nos recordaron que “estábamos all”, por si aun quedaba algún despistado. Para nosotros con Dorian se acabó el festival. Bailamos sobre todo con sus temas antiguos más que con los nuevos. Abandonó su gabardina de cuero, pero la puesta en escena fue la de siempre. Sonido inconfundible, con rictus serio y voz característica, Marc nos llevó por su “Isla”, a “cualquier otra parte” y atravesamos una “Tormenta de arena”, trareando estribillo tras estribillo. Nos fuimos antes de tiempo, porque las piernas ya pesaban y el cansancio apretaba. Salimos lentos, sin pausa, dirección descanso, recordando todo lo visto, vivido y sentido, y comprendí entonces lo que los Lori nos quisieron decir con su primera canción: que todos los que estuvieron conmigo aquellos dos dias, son mi vida y mis particulares “Seres de luz”.
PD: Gracias por otro festival juntos. A ti, a ti y a ti también. Ya sabéis quiénes sois cada uno de vosotros.

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Seres de luz (Primera parte)

Un mar de gente inundó el Cortijo del Conde otro año más, para celebrar la música. Un décimo aniversario del Granada Sound, que superó todas las expectativas y consiguió sumar de uno en uno, hasta 25000 personas, dispuestas a cantar, gritar y saltar, como en las anteriores ocasiones. Se vistió de gala el recinto, que nos recibió alfombrado, repleto de actividades por hacer y con food track repartidos por doquier, para alimentar a la marabunta que cubriría el suelo cuando la música comenzara a sonar. Y vaya si sonó… Llegamos el viernes cuando el sol ya se despedía, haciendo enrojecer el cielo, mientras en los escenarios las primeras bandas ya tronaban. Nuestra primera parada fue Zahara. Primer chupito y cerveza en mano, la vimos desplegar su magia. Voz celestial para un sonido potente y electrónico. Una mezcla inmejorable para abrir boca. Disfrutamos como “Putas”, sin abandonar nuestro lugar desde dónde veíamos los dos escenarios. Seguimos con sonido melódico de la mano de Carlos Sadness. Ritmos frescos evocando playas remotas con cierto olor a Jamaica, relajando el ambiente para lo que habría de venir. Y lo que vino fue potencia en estado puro. The Hives, unos suecos tan poco suecos, que parecían ingleses. Desgarradores, potentes, transgresores. Energía pura comandada por un showman que hacía las veces de cantante, llevándonos entre el sonido claro del bajo, el chirriante pero afinado de las guitarras, y la incansable batería, a su terreno, a ese lugar del que no querías salir ni parar. Mientras tanto, Morning Drivers hacían que el escenario pequeño se les quedara pequeño, aspirando a más para la próxima vez. Calentado el ambiente, volvimos a la zona vip para ver desde allí, como las Ginebras aguantaban el tipo, dando un más que pasable concierto y como Miss Caffeina de descalabraba. Un concierto lento, sin arrancar ni siquiera un poco de sentimiento, ni siquiera un poco de baile. Tan sólo con su “Mira como vuelo”, la gente saltó y acabaron aplaudiendo a una banda, que desde que cambiaron el chándal por el traje, han perdido fuelle. Y de ahí, a la arena, para ver a unos Elyella cerrar el primer día de concierto. Increíbles, maravillosos, remezclando sin complejos indie y no indie. Una hora y media de baile  mezclado con himnos que siempre nos recuerdan que “todo lo que importa” lo tenemos más cerca de lo que creemos…

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Pesadillas

¿Que qué pido al final del día? Que haya otro, mañana, y pasado, y al siguiente. Que tenga futuro para seguir construyendo un buen presente, aquel en el que sonrían al verme, o simplemente al recordarme. Que haya tiempo de seguir mejorando a pesar de los errores, ayudando todo cuanto pueda, a todos cuanto pueda. Que despierte feliz, sabiendo que sois felices, porque vuestra felicidad es la mía. Pido tener un trabajo al que acudir y con él pagar mis deudas, porque el pago, es mi tranquilidad. Pido seguir viendo a mi hijo crecer, y tener a mi madre conmigo todo el tiempo posible. Pido seguir a tu lado esta vida, y quien sabe si otra más, todo depende de las ganas que tengas de aguantarme. Llega la noche y os recuerdo a todos, repasando todo lo hecho y planeando lo que haré. Organizando el mañana para que no se me caiga encima y me lleve alguna sorpresa, tratando de controlar lo que ocurrirá, antes de que suceda. Y así recapitulo noche tras noche, evaluándome, poniendo nota a mis hechos, tratando de ser un poquito mejor día tras día. Trabajando todo aquello que necesito para transitar la vida de la mano de unos valores que me mantienen firme en mis convicciones. Por eso si me preguntas que pido al final del día, te diré que acostarme con la conciencia tranquila. Es la mejor forma, de no tener pesadillas…

¿Y tú, que pides al final del día?

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