Lo que te diré cuando te vuelva a ver

Última noche, aquí. Acabó el viaje y las llamadas siguen ausentes, los mensajes nulos, y el interés cayó como lo hizo el Coliseo. Todo quedó en ruinas, vestigios de un pasado lejano y esplendoroso, y que ahora visitamos para tratar de entender como y porqué. El rango del tiempo es diferente pero las intrigas, siguen siendo las mismas. La magnitud de las construcciones que plagan está ciudad, son incontables. Hablan de riqueza, de poder y todas las mentiras que éstas conllevan para que la ecuación sea perfecta. El paso del tiempo ha ido refinando a los romanos, y ahora caminan por las calles empedradas vestidos de elegancia y pose fotográfica, postureo made in IItaly. Supongo que la corrupción llega a todos los estamentos y olvidan lo más importante, las gentes que pueblan la ciudad de Dios. Tal vez por eso El Vaticano se instaló aquí. Supo la Iglesia sacar partido a la historia de un revolucionario y han forjado a través de los años tal poder, que tienen país propio. Monumentos a la memoria de la hipocresía, columnas que sostienen, abrazan y adornan una plaza, con el nombre del primer Papa, Pedro; la Iglesia más grande del mundo y una capilla pintada hace siglos. La Sixtina recrea la historia que quiere la Iglesia hacer creer a sus fieles. La creación de un mundo a manos de un Dios, que día a día, va perdiendo crédito. Y es que hay que predicar con el ejemplo. No bastan las palabras. Los hechos importan más. Y la Iglesia, como muchos, es más charlatana que hacedora. Se acaban las excusas, y las máscaras de carnaval van cayendo, mostrando el verdadero rostro. La Gran Belleza era una estafa, bonita por fuera y no tanto por dentro. Aún así, ha valido la pena conocerla y seguramente volveré, aunque no estoy seguro de lo que te diré, cuando te vuelva a ver…
A Roma, a sus grandiosas construcciones, que muestran tanto, como esconden. Y a las casualidades, que nos acompañan allí donde vayamos, porque las respuestas no aparecen cuando se las necesita, sino cuando deben…

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Trenes

Llueve Roma. Se rompió el cielo anegando de belleza la ciudad eterna. Sigue el Imperio en pie, aunque se desmoronen sus construcciones, restos de recuerdos de una ciudad que aún sigue siendo grande. Nadie pensó que una Loba daría para tanto y que de dos hermanos, nacería la leyenda. Altos, los techos y sus tejados, y majestuosidad allí por donde pisamos. Todo un despliegue de magia para acabar de embaucar a todos los que se atreven a visitarla. No saldrán ilesos de allí y mucho menos con mal sabor de boca. Trevi y su Fontana les dejará pedir deseos. Que se cumplan, dependerá de las monedas que arrojen a sus aguas. Y en la Plaza de España, contarás escalones. Lo de subirlos ya hablaremos más adelante. Y todo bajo la luz de la noche, esa tenue y que no deslumbra, la que perfila más que dibuja y esconde más que muestra. El juego de la seducción.
Habla Roma, en un murmullo constante que no cesa ni al morir el sol. Un sonido incesante de palabras en la lejanía que ahogan el silencio para que no pueda callar. Esa Roma oscura, desconocida, al margen del Coliseo y el Vaticano, actores de renombre en la gran Opera. No escucharás sus voces a menos que los busques, quedando mudos en la ignorancia de quien jamás los conocerá. Secretos por descubrir y toda una ciudad por conocer. Nos trajeron hasta ella los trenes que surcan este país, cordones umbilicales que nutren a sus hijos, ciudades enteras a merced de ellos. Y desde un balcón de esta ciudad, como los hermanos que la crearon, brindan hoy otros hermanos, intentando alargar esta visita y disfrutando de estos momentos que no saben si se repetirán, y pensado, “que hoy, es siempre todavía…”

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Escalas

Centro, aunque seguimos alejados. Pero las distancias no importan cuando nos tenemos tan cerca, cuando respiramos el mismo aire. Los años te hacen más independiente, o deberían. Por eso hemos aprendido a vivir con el miedo a lo desconocido, a tomarlo como un reto, a necesitar estar sólo y desenvolverse por uno mismo, estés donde estés. Incluso puedes notar, como se vuelve necesidad. Y es que esas escapadas en solitario, mochila al hombro, rodeado de tanta gente, turistas amarrados a sus cámaras, inmortalizando cada rincón de esta ciudad, cada monumento de historia, cada huella de piedra; esas huidas sin despegar, en las que el barullo se vuelve silencio, en el que todo existe y nada tiene importancia, en el que consigues el relax entre tanto ajetreo, tranquilidad entre la multitud. Paseos de unos pocos metros en los que respiras libertad perdido en la marea humana. Nadie te ve, ni quieres que lo hagan. No se fijan porque no existes para ellos, y así debe ser. Sólo tú y el momento. Subir al Duomo y ver Florencia, cuajada de tejados y de calles estrechas. Museos y parques que no dejan morir la historia y su recuerdo. Edificios que llevan ahí desde casi siempre y la visita incansable de todos los que venimos a llenarnos de su belleza. Parada y fonda en la ciudad de los Medici. Desconexiones para recuperar la historia. Introspecciones de uno mismo y espeleología del alma. Otra escala más en nuestra vida…

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…Agua…

Fue en Mestre, la antesala de la ciudad del agua, la que nos vio despertar la primera mañana y nos empujó sin pensarlo hacia Venecia. Y allí, se hizo realidad el sueño. La Gran Madonna , arrastrando sus 70 años, cumplió otra ilusión, y aquellas lágrimas, fruto de la emoción, fueron a engordar más, los canales de la ciudad de las góndolas y sanar un poco, su maltratado cuerpo. Y es que no sólo de pan vive el hombre, y ella más que nunca, necesita de nuevas aventuras, de cerrar capítulos y cumplir con todo aquello que antes no pudo. Nadie en aquella ciudad, imaginaria que la felicidad caminaba por ella, que a pesar de ser regalo de muchos, pocas veces fue un sueño hecho realidad. Que sus suelos flotantes, sus puentes, sus iglesias, su plaza de San Marcos, sus góndolas y toda su agua, serían el escenario perfecto, para este viaje. Nos perdimos entes sus calles, arterias que no dejaban de bombear gente. Cada esquina, cada puente, fueron el marco perfecto de miles de fotos, intentando dejar constancia de nuestro paso por la ciudad. Llegamos hasta donde acababa la tierra, el borde mismo de la frontera con el mar, aunque este la invada por todas sus calles. Subimos hasta lo más alto, y vimos que pequeño se ve todo y que insignificantes somos. Y regresamos, vencidos, anocheciendo con la luna, y aún estando tan lejos, en aquel lugar tan diferente, si sólo mirabas al cielo, nadie diría que estábamos tan lejos de casa, sino fuera por el agua…
A mí madre, porque se merece todo y más…

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Tierra, aire, y…

Nos reclamaba el camino, el que debíamos atravesar para poder empezar. Hace tiempo que comenzó el viaje entre secretos desvelados y cambios de última hora. Abandonamos un crucero que ni tan siquiera llegamos a pisar y nos embarcamos en una aventura aún mayor, pero menos costosa. Fuimos uniendo puntos en el mapa, conjugando líneas ferroviarias y aéreas a través de la Italia que queríamos ver y nos dispusimos a encajarar las ciudades como en un rompecabezas, buscando que ver y donde dormir. Trazamos planes llenos de ilusión, imaginando un viaje hacia tierras extrañas donde descubriríamos un país tan lejano del nuestro y la vez tan parecido. Y entre el nerviosismo y la incertidumbre marchamos de madrugada, a través de la tierra que conducía al aire, ese que nos traería sobre sus lomos hacia el inicio de todo. Un vuelo a través de las nubes, y la familia tocó tierra en Milán. Es curioso como se parecen todas las ciudades y como ese “algo» diferente que imaginas no es tan distinto al de la tuya. Son más las costumbres, el idioma, que la propia cuidad en si. Pero gusta cambiar de aires, respirar otra cultura y pisar tierra desconocida. Trenes y autobuses en un concierto afinado, para unir un país que rezuma historia por los cuatro costados, y unas ciudades tocadas con la varita de la antigüedad que luchan por no perder el tren de la modernidad…

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Ejemplos

Espera. No regales el tiempo a la nada, a ese vacío silencioso que queda cuando ya no hay nada que hacer. Espanta al aburrimiento, haz que huya, asustado por los planes trazados, por todo aquello que quieres hacer o por la improvisación inconsciente que transforma los días, en algo más que abrumadora rutina. No tengas prisa, pero tampoco te detengas. No abandones los segundos a su suerte, abocándolos a una muerte segura, y desperdiciando su compañía, aunque sea por un instante. Traspón, de la mañana a las noche, incansable, insaciable, haciendo de cada día una nueva enseñanza. Auna actitud y aptitud, fuerza de voluntad y trabajo. Trasmite, hazte visible, que te sientan, que tu fuerza llegue a todos los rincones y crea el mundo a tu alrededor como tú quieres que sea. Se luz, “llenando cada espacio hueco que se va encontrando», e ilumina, ahuyenta a la oscuridad haciéndola retroceder hasta el borde del precipicio. Allí se verá, quien puede con quien… Y se paciente, sobre todo, porque si crees en lo que haces, si crees en lo que eres, conseguirás cuanto te propongas. Estampa tu firma en este mundo, que sepan que exististe. Verás como antes o después, serás ejemplo para otros. Es sólo cuestión de paciencia…

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Albumes y tormentas

Y llegó la calma. Y con ella la persona que somos, que no siempre tiene que ver con quienes fuimos. A veces son sólo retazos, breves pinceladas de recuerdos que se disipan en el tiempo, que intentamos amarrar, pensando que en ellas están las respuestas al momento en el que vivimos. Pero lo cierto es que el tiempo que va quemando días, años, vida, y lo único que importa, es el presente, el ahora que habitamos, ese que en un futuro nos dirá si mereció la pena la vida que vivimos o si por el contrario, pasamos de puntillas, pensando que pudimos hacer más, disfrutar más, vivir más. Vuelve la nostalgia en forma de fotos, de lo que fuimos. Amores jóvenes, imperfectos, igual que ahora, sólo que ahora, somos más conscientes. Chicos de instituto que intentan regresar sobre sus pasos, para no caer en el olvido, en quedadas cuarentonas que nos muestran como hemos cambiado. Y mientras tanto la vida sigue, y “nada es suficiente». Ni los fracasos, ni las ilusiones, ni las mentiras; ni todos aquellos que no aparecen en las fotos, pero que completan los álbumes de nuestras vidas. Almas que se unen a nosotros sin razón aparente y que vienen a enseñarnos algo. Hilos que unen y enmarañan existencias, haciendo extraños compañeros de viaje. Buenos ratos y tormentas, que nos darán la clave de quien va de paso o quien se queda, de quien se fue y quien regresa. Lo sabremos cuando llegue la calma…

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