Embusteros

No sé que pasa últimamente que lo mejor sucede en las plantas bajas. Habíamos calentado motores en el bar de la esquina, entre tapas de ilusión y jarras fresquitas de ganas de ver por primera vez a estos cordobeses tan Embusteros. Pero sucede que mentiras ni una. El espectáculo que habían prometido en la entrevista previa lo cumplieron al dedillo, a pesar de la poca gente que acudió a verlos. Una pena por los que no fueron. No imaginan lo que vivimos los afortunados que tuvimos la suerte de apoyar a la banda, en aquel concierto tan familiar. Saltaron al escenario con su look rockero, dejando su sello desde el primer tema. Las guitarras lo envolvieron todo, aderezadas por una batería poderosa, translúcida en algunos momentos dejando hacer al bajo y al teclado cuando tocaba. Y con ellos, él, y su voz. Una voz clara, potente, única, inolvidable, vistiendo todo aquel sonido de buenas letras, y haciéndolo reconocible. Porque si algo tienen Embusteros, es que son reconocibles desde la primera nota. Sabíamos como sonaban en sus discos de estudio, y ya nos gustaban, pero descubrirlos en directo, nos ha hecho rendirnos a sus pies. Nada salió mal, el escenario se les quedó pequeño y acabamos por volvernos locos. Así que vimos una gran banda, y porque no decirlo, descubrimos a las personas que hay tras esa banda, y también nos gustaron. Acabado el concierto, ya teníamos ganas del siguiente. Y tras ayudarles a cargar los instrumentos en la furgoneta, nos fuimos juntos a… Bueno, esa es una historia que quizás, nunca llegue a contar, no vaya a ser que nos llamen Embusteros…

PD: A los que estuvimos allí, de aquí y de Valencia. Fuimos pocos pero afortunados.

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Magia y efectos especiales

Miles de piernas tapaban las escaleras que daban acceso al recinto dónde veríamos la despedida, mientras un autobús con su nombre en el luminoso observaba todo con la tranquilidad del que viaja con ellos a diario y conoce todos sus secretos. Si la ilusión y las ganas son proporcionales a la cantidad de gente que va a ver un concierto, allí había mucho de todo y aunque la organización dejó que desear, con fallos y retrasos a la entrada de los que debían acceder al espectáculo, el concierto empezó casi en hora. Repasaron todo su trabajo, desde el primer al último disco, y como de un tiempo a esta parte, con Izal, los primeros sonaron mejor, arrancando del público los gritos, saltos y la emoción, que han ido perdiendo conforme han madurado como banda. Eso se reflejó en el tempo del concierto, que nos subía a lo más alto para después dejarnos caer al abismo de la tranquilidad. Una montaña rusa en la que faltaba chispa y un mal sonido desde la pista. La voz de Mikel no sonó clara y los diferentes instrumentos se solapaban, restando calidad al espectáculo. Aun así, las masas enloquecimos con los temas de siempre, y el espectáculo de luces y pantallas que los escoltaban, les dieron un toque de buena banda. Tres momentos a destacar. El inicio, con una batería de temas enlazados, para prender la mecha, aunque jamás llegaran a estallar; la versión de “Pausa”, en la incrementaron guitarras y batería para darle esa potencia que echamos de menos en el resto del concierto; y como no, el cierre, con la eterna “La mujer de verde”, en la recordamos a aquel Izal de los inicios, dónde sorprendieron con un sonido y potencia diferente al resto. En resumidas cuentas, esperaba más de una banda que tanto ha dado al indie. Pudo estar mejor y aun así, no estuvo mal. Una despedida agria y un concierto con poca magia y demasiados efectos especiales.

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Tan nosotros

Cruzamos la barrera sin darnos cuenta, sin esperarlo incluso, ni nosotros, ni los demás. Rompimos la maldición a base de confianza, de ilusión, de ganas y de infinitos planes. Porque ahora, lo tuyo es mio, y lo mio tuyo. Hemos construido un hueco nuestro sin olvidar los espacios propios. Porque no hay mejor libertad, que estar a tu lado. Y es que tomar decisiones sin miedo, no es fácil de conseguir y a tu lado, todo es sencillo. Ahora somos noches de sofá entre The boys y Dexter, regalándonos caricias y miradas furtivas, cargadas de sonrisas y roces inesperados. Somos cenas sanas y diferentes, recetas de amor y de ilusión para que tu paladar no viva solo de mi boca. Recorremos juntos los mapas de la música, conciertos y festivales viviendo la música juntos, acompañados de Carlos y su primo, que siempre nos sacan las mejores risas y todas las ganas posibles. Somos de hablar, mucho, de compartir lo que pensamos y lo que sentimos, acosados por todos aquellos que quieren compartir una noche o dos, sobre todo contigo. Somos de limpieza, de orden, de tocs, que compartidos parecen menos maniáticos. Somos también de sexo, menos del que te deseas, pero del que te gusta. Aunque ese tema ya lo hablaremos cara a cara y desnudos. Somos de deditos lanzados por whatsapp intentando averiguar en cuál de nuestros hermosos culos aterrizará. No tenemos futuro definido ni lo necesitamos, porque dure lo que dure esto, lo disfrutamos sin esperar nada más, y sin dramas. Y somos felicidad, mucha felicidad, dibujada en nuestras caras, plasmada en nuestros hechos, y aunque no nos veas en los relatos que escribo, ten por seguro, que somos tan nosotros, que ya no me imagino un yo sin ti…

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Tres

Escala el sol lentamente hacía las alturas, trepando sobre los tejados, los árboles o el asfalto, pintando todo de luz, mientras la mañana se derrama sobre este nuevo día, y mientras avanzamos dirección costa, recuerdo lo de anoche. Podría parecer otra noche más, sexo cualquiera, pero contigo nunca lo es. Continuamos dónde lo dejamos la noche anterior, justo ahí, cuando la secretaria fue abordada por su jefe y sobre la mesa, había más que papeles desordenados. Mientras, nosotros a lo nuestro. Antes, habíamos hablado de posibles candidatas, unas con cara de ganas, otras de cuerpos mejorados, o de miradas que asesinan. Todas buenas opciones, si ellas quisieran. Porque si ellas quisieran…

Podríamos esposarlas, o amarrarlas con el arnés, para nada malo, por si leen esto. Las dejaríamos mirar, si sólo quisieran mirar, pero quien quiere solo mirar? Podrían jugar, a lo que quisieran, hasta dónde quisieran, sin pedir permiso, o si, depende del morbo. Y es que la excitación es proporcional al morbo infringido porque son inescrutables los caminos del morbo. Tal vez alguien sueñe con lluvias doradas que terminen en eyaculaciones y ganas de volver a empezar. Quizás otras deseen comer, lamer, morder y arañar, mientras les comen, les lamen, les muerden y arañan, terminando como todo acaba, vaciando su deseo para volver a empezar de nuevo. Habrá miradas lascivas, bocas deseosas, manos traviesas y caricias furtivas, roces obscenos, besos húmedos, y tocamientos consentidos. Una batería de sexo compartido para conseguir nuestros sueños y cumplir los deseos de los tres…

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