El hombre invisible

Amanece frío, bajo los cartones que hacen de mantas y techo a la vez. Nunca fue buen lecho el suelo helado, tal vez por eso, se quejan tanto mis huesos, que duelen cada vez más de desamparo y abandono. Otro día más en la esquina de siempre, fortín desarmado, a la vista de todos, pero que nadie ve. Pido supervivencia y comida, porque sé, que el calor y el cariño está fuera de mi alcance, pero pocos se atreven a cruzar la frontera y dejar unas monedas que acallen su conciencia. Yo era uno de ellos, antes de volverme invisible, pero la vida y sus emboscadas, me arrastró fuera, expulsándome del paraíso, como a un Adán cualquiera. No cometí pecados, creo, si acaso, los que todos podemos cometer, pero me faltó la suerte que otros tienen, y se me negó el perdón. Ahora me hayo en la calle, mi hogar, a cielo abierto, sin techo pero con suelo, buscando la forma de volver, tratando de ser uno de ellos de nuevo. Pero el frío me trae una duda: seguir siendo el hombre invisible de manos heladas, o ser como ellos, calientes y sin corazón…

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Comenzamos

Ha llegado el nuevo año adherido al frío, seña inequívoca del Invierno y de su gélida personalidad. Ansiábamos con impaciencia, y con la estúpida esperanza del iluso, que con la caída del pasado año, todo desaparecería y volvería una extrañada normalidad, que sigue sin llegar. Cenamos pendientes del reloj, para tomar las uvas y no defraudar a la tradición, y poniendo de nuevo las esperanzas en el año que estaba por llegar, y para no exceder los límites de tiempo en casas ajenas. Y como Cenicientas, debíamos regresar antes de que el toque de queda, transformara nuestro carruaje en calabaza. Así que concentramos las ganas, las ilusiones, y demás anhelos estancados, en unas cuántas horas, a la espera de que se cumpla todo. Y empezamos, igual que terminamos, recortados, impacientes, y esperanzados. Pero ya tenemos horizonte, un puerto al que llegar; ya vemos un final, una meta que alcanzar; y porque de fondo, escuchamos todo el sonido del cariño que perdimos el año anterior, besos y abrazos robados, que enmudecieron, y poco a poco, vuelven a sonar, abarcando y marcando mejillas. Empezamos, a pesar del frío, a pesar de que parezca lo mismo. Pero no lo es, nunca lo ha sido, ni vamos a permitir que lo sea. Empecemos bien, para terminar mejor…

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