Brechas abiertas para defenderte, para no sentir el dolor y que ahora crecen tanto que hasta un océano cabría en ellas. Estrechas grietas que van carcomiendo el castillo que levantamos en nombre de todos, y que lentamente se desmorona, como si de naipes se hubiera construido. Desalojados del paraiso donde todo se nos concedió y que el pecado propio, nos apartó de él. Trazamos fronteras y delimitamos vidas, poniendo límites a lo ajeno por un miedo irracional a hacernos daño. No confiamos en los demás porque no confiamos en nosotros mismos. Perdimos el norte sin haber viajado siquiera y ahora vagamos por un mapa que no lleva a ninguna parte, esperando que una Estrella Polar nos muestre el camino. Pululamos sin destino hacía cualquier parte, nómadas estacionados en un Oasis imaginario, muriendo de sed y de vida. Y entre tanto desorden una única verdad, yo, tu yo y el mío, el de cada uno, haciendo que nos sentamos seguros a pesar de tanta desorientaciòn, que aprendamos a confiar en nosotros para confiar en los demás, que andamiemos el castillo para que nos siga defendiendo, y que tapemos todas las grietas, para que las brechas no sean vía de escape de nuestras almas…