Así es como la vida coloca todo en su sitio. Nos devuelve al mismo lugar donde las lágrimas brotaron, al que parecía el callejón sin salida, allí donde la Esperanza nos dejó plantados gritando su nombre sin respuesta y sin consuelo. Tuvimos que seguir adelante creyendo en nosotros y en nuestras decisiones, sabiendo lo que sucedería, como así ha sido, y cargados sobre todo de paciencia, hoy vemos como todos desean lo que entonces perdimos, a nosotros mismos. Volvió a renacer el Ave Fénix de los escombros a los que le redujeron, más fuerte que nunca, más seguro si cabe de que nadie es más importante que nosotros, y de que si de verdad nos quieren a su lado, nos buscarán. Sólo gastaremos nuestro tiempo, en quien merezca la pena y antes de los 65, ya he descubierto, que no perderé un solo momento de mi vida en hacer algo que no quiera hacer. Hago lo que hago porque lo deseo, sin tener que comprar nada ni a nadie. Estoy con quién quiero estar porque soy libre de decidir, sin coacciones, sin miedos, sin amenazas. Y creo que la mejor forma de demostrar que no estamos solos es diciéndote que no apartes la mirada de tu objetivo, que yo me ocupo del resto. Y elige el color que quieras, ya buscaremos las tonalidades…