El titán

Hace mucho que te hiciste mayor, por eso los 18 se te quedan cortos. Como resumir el camino hasta la mayoría de edad en un puñado de palabras, cuando éstas se me antojan insuficientes. Por eso, y como años anteriores, tiraré de sentimientos para ayudarlas a que cobren sentido.

No eres consciente, pero fuiste el mayor de los deseos de tus padres. Resultado tras el fallo. Ya sabes, prueba y error, como todo en la vida, como canta Izal. Con tara, imperfecto, (quién no lo es), pero tú y solo tú, fuiste capaz de sobreponerte y sacarle partido a lo malo, para transformarlo en virtud. Lucha, constancia, fortaleza, madurez y sobre todo, bondad. Cualidades que han marcado tu vida hasta ahora, y que ojalá sigas cultivando toda la que te queda. La simpatía y sonrisa ya venían de serie, reflejadas en esos hoyuelos de tu cara, que ni los años han podido hacer desaparecer. Abandonaste el fútbol pronto para iniciarte en el kárate. De él te llevas un cinturón negro, disciplina, respeto y nuevas amistades, ampliando el círculo de gente que tienes a tu lado, porque allí dónde vas, consigues nuevos amigos. Y es que ser extrovertido, tiene su recompensa. Así fuiste creciendo, sin darnos cuenta, sin apenas dar un ruido, encajando las piezas de todo lo que ibas descubriendo, como los Legos que montábamos. Aprendiste a conformarte con lo que había, con lo que se podía, sin una mala cara, sin un mal gesto, entendiendo que quizás tus padres, aún sin darte todo lo que merecías, siempre te dieron lo máximo que podían. Y sigues entendiéndolo. Por eso te buscaste un trabajo, sacrificando parte de tu joven vida, repartiendo el peso entre tres.

Atrás quedan “Ben 10”, “Gumball y Darwin”, “Codigo Lyoko”, “Lazy Town”, “Desafío champions” “Slaugterra” , “Max Steel”, y tantas series de dibujos compartidas juntos, que necesitaría otro relato para nombrarlas todas; cine, mucho cine, desde que eras un niño, con nuestros “Vengadores” y todo lo que Marvel nos ha hecho sentir juntos; música, en el coche, y en la casa, de la que te sabes las letras tan bien como yo. Momentos, ratos. La vida compartida junto a ti para hacerte entender que eres lo mas importante que tengo. Vacaciones, navidades, fiestas, llamadas a diario, para que me sientas cerca, para que sepas que nunca estarás solo, aunque pienses que tengo “hijitis”. Pero es solo que te quiero como a nada en la vida. Ya lo entenderás cuando tengas tus hijos.

Así fuiste abandonando aquel “millenial” para transformarte en un titán. Derribaste muros y sin darte cuenta, has hecho un poquito mejor este mundo. Sí, la felicidad embellece todo cuanto toca, y tú, consigues hacer feliz. Tu madre y yo conseguimos nuestro sueño. Ahora aspiramos a verte seguir creciendo, asiento en primera fila para ver como  consigues grandes cosas y sigues siendo feliz.

Te voy a contar un secreto: ese es ahora nuestro sueño, pero tú debes perseguir y conseguir los tuyos. Así que no te preocupes por nosotros. Haz lo que realmente quieras hacer. Ve dónde realmente quieras ir. Porque tu vida es tuya y nuestros sueños no deben interponerse en los tuyos. Y siempre recuerda esto: hagas lo que hagas, vayas donde vayas, nosotros siempre estaremos a tu lado…

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La radio

Esperaba el horno tras el madrugón. Por eso te ibas a la cama temprano, para intentar ganar horas de sueño. No recuerdo la edad que tenía pero si claramente aquella radio despertador, todo en uno, haciendo guardia en la mesita de noche, para que no te quedaras dormido. Tras la cena, nosotros en el salón viendo la tele, con volumen bajo, para no molestarte, y entre la voz baja del televisor y nuestro silencio, se colaba el sonido de “Hora 25”. Aquella sintonía y sus voces, tertulianos a los que no les pongo nombre, ni consigo acordarme de los debates que tenían. Así es como la radio ata los recuerdos a mi padre.  

Giraba la rueda buscando el dial. Sonaba la música, por unas horas. “Emisión pirata” para hacer más llevadero el trabajo en la panadería. Con el paso de las horas cambiábamos de emisora, buscando aquella “Hora 25” que escuchaba mi padre y que ahora acompañaba mis noches. “El larguero” y “Hablar por hablar” conseguían hacer olvidar las noches eternas, y entre tortas y pan, se colaba también “La rosa de los vientos” y un joven Iker con su “Cuarto milenio”. Voces para acortar la distancia entre quién habla y quién escucha.

Me tocó madrugar para conducir y la radio seguía conmigo. Kilómetros acompañado de “Si amanece nos vamos”. Y amanecía, empalmando las madrugadas con “Hoy por hoy”. Iñaki Gabilondo tratando de explicar el mundo y sus enredos, descubriéndome música, libros, a la vez que hacía más llevaderos los viajes aquí y allá.

Ahora no madrugo pero en mi trabajo sigo escuchando radio. Esta vez, a la carta. Porque ha evolucionado la forma de entenderla. Todo lo que se emite en directo, puedes escucharlo luego en infinitos podcats. Así paso las horas, entre “Nadie sabe nada” e “Indie al descubierto”. Entre lija y pintura, sonorizando las tardes con “Ser deportivos”. Toda una vida llena de radio, y la radio poniendo sonidos y voces a mi vida. Uniendo el ayer con el hoy, acercándolos tanto que en ocasiones se confunden, demostrando así la fragilidad del tiempo. Y es que, solo la radio, tiene esa magia de hacerte ver solo con el sonido.

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