Calmas aliviando tempestades. La tranquilidad acuna al desastre en que se convirtió todo. El cielo negro que todo lo engulló ahora resplandece cansado de traer sólo malos augurios. El día siguió a la noche, aunque esta vez duró más de lo esperabamos. Discusiones sin porques ni respuestas. Las palabras que nunca dijimos hiriendo aún más que las que pronunciamos. Tus lágrimas arrastrando a las mías lo mismo que mi corazón va tras el tuyo. Dejamos todo esto atrás, en un intento por volver a la normalidad, a la tranquilidad inventada de nuestras vidas y creemos que tras la debacle, todo será como antes. Pero ya nada volverá a serlo. Debajo de tanto escombro descubrimos el origen del caos. No había cimientos, las palabras que jamás nos dijimos se acumularon y desencadenaron esta guerra en la que los dos hemos perdido. Ahora sólo queda la sombra de lo que fuí. Intento recomponerme, reunir cada pedacito de mí, porque me han desmenuzado. Necesito reconstruirme, volver a ser lo que era y una vez reuna el valor, mirar con objetividad y decidir si quiero vivir o no atormentado, toda mi vida…