Para toda la vida

Es la hora perfecta para hablar de amigos, y enemigos, porqué no.

Cuando niños, tal vez era el sentimiento más fuerte que teníamos hacía alguien, (la amistad) después de la familia, claro. Incluso lo anteponemos a esa familia, en ciertos momentos de euforia amiguil llegados a la pubertad. El refugio que fueron nuestros padres, lo cambiamos por los amigos, que se convierten entonces en confidentes y compinches. Todo el tiempo es poco para estar con ellos y creemos que esa amistad, será eterna. Pasan los años, crecemos y muchos de esos amigos, se van quedando en el camino. Desaparecen como nuestra juventud, manteniéndose a nuestro lado sólo unos pocos. Nos damos cuenta de nuevo con la madurez, del verdadero valor de la familia. Serán ellos los que siempre estarán ahí, junto a esos pocos amigos que aguantaron la embestidas del tiempo y sus problemas. Aparecerán nuevas personas en nuestro camino, conocidos con los que relacionarnos, pero muy pocos nos calaran. Para eso se necesita preocupación mutua, y no está la gente por preocuparse por los demás, mucho menos dar, y aún menos, estar.

Ha pasado por mi vida mucha gente. De todas las formas, de diferente calaña. Con la boca llena de promesas, mentiras a la larga; de grandes sonrisas y grandes discursos, escudos donde se escondían; seres cambiantes y amoldables con tal de conseguir su felicidad a costa de los demás, mentirosos y manipuladores. Todos quedaron atrás. Amores pasados, compañeros de trabajo y amigos finitos. Quizás fui yo el que defraudó. Quien sabe…

 Fuera como fuera, lo cierto es que ahora sólo quedan los de siempre, los que estuvieron y los que estarán para toda la vida.

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Los chicos del Jager

Así fue, mejor de lo que habíamos imaginado, a pesar del frío, que quiso helar el festival pero que no lo consiguió. Gorros, guantes, plumones y Jager, mucho Jager, para calentarnos, e ilusión y todas las ganas del mundo para divertirnos y disfrutar de un Granada Sound que llegó con un año de retraso. No hubo tregua. Desde el primero al último, cabalgamos de escenario a escenario, viendo a los artistas que se vaciaron y quisieron dejar su huella después de tanto tiempo. Empezamos con luz, de tarde, con Sienna y Siloé, los más pequeños de la clase aunque pronto crecerán, porque tienen la clase y “El poder” para hacerlo. La potencia de unos artistas al servicio de los pocos que abrimos el festival. Con el atardecer y la caída del sol, emergieron Full, entre piernas cruzadas, faltas de equilibrio y sonrisas infinitas, felicidad en estado puro, que nos recordaron “Quiénes somos realmente” y la suerte que tenemos de tenernos a nuestro lado. Nos atrapó la noche heladora y en la oscuridad brillaron “Viva Suecia”, ayudándonos a entender, que gracias a momentos como esos, “Hemos ganado tiempo”, mientras Shinova dejaba libre de nuevo al “Mirlo blanco”, batiendo sus alas y llevándose con ellas todos nuestros miedos. La habitación roja, Xoel López, Veintiuno y su “Dopamina” para darnos algo de fuerza antes de los más grandes, que comenzaron y acabaron con nuestros “Días raros”, un círculo perfecto en el que encajaron sus himnos de siempre, junto a las canciones que compondrán su nuevo disco. Mientras nosotros, amalgama de sentimientos y emoción, de saltos y gritos, de disfrute y alguna que otra lágrima, nos volvimos a sentir como antes, libres de mascarillas y de miedos, seguros de tenernos al lado, y deseosos de volver a pisar unos conciertos y festivales, que tanto hemos echado de menos…

PD: Para vosotros, que siempre estáis. A los de siempre y a los nuevos.

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Cielos y estrellas

La vuelta a casa, cada tarde, rutina semanal como la rueda que no deja de girar. Un viaje de regreso con los bolsillos llenos de cansancio. Música de fondo y a través de la luna del coche, el cielo. Llevaba varios días escondido tras las nubes. Nubes negras, espesas, amenazadoras, egoístas tratando de tapar al sol que al caer cada tarde, luchaba por lanzar sus últimos rayos antes de sucumbir ante la noche. Nubes donde los rayos y truenos seguían con su eterna lucha, de quién es más rápido, dejando por el camino, un reguero de luz y sonido, que iluminaba el cielo a mi paso. Se escondía el frio tras ellas, dejándose ver cuando decidieron irse.

Luce ahora el cielo limpio, cristalino, helado. Nos observa sin pudor, avisándonos de lo que nos espera estos días. Será receptor de nuestros gritos, mientras bailamos sin cesar. Será casi invierno este año, el Granada Sound, pero haremos vibrar hasta las estrellas. El cielo sonará a frio y el ambiente olerá a música, mientras el firmamento mirará con envidia, las estrellas que allí sonarán…

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