Sentirse diferente no es sinónimo de sentirse mal. Desde siempre me he considerado raro. Veía las cosas de otra manera, las sentía de otra forma y buscaba canalizar todo acorde a un pensamiento que desde pequeño me hizo luchar a diario por entender y comprender, porque yo caminaba en otra dirección. Nunca me he sentido mal por ello. Al contrario, esa visión distorsionada para los demás, me ha servido para enfocar mi vida hacia un rumbo que es justo, el que he querido tomar. Me he adaptado a las circunstancias, a las hechos, a las personas, y todo sin hacer oídos sordos a la llamada de mi yo más profundo, buscando la forma de, en este mundo predecible, sorprenderme y sorprender para tratar de mejorar la vida de los demás y a través de eso, mejorar la mía. Ir en contra del pensamiento único a pesar de que traten de mantenernos en el rebaño, disentir de todo lo que digan buscando nuevas razones para no contestar “si» a todo y pensar, sacar mis propias conclusiones, para llevar la contraria y tratar de ampliar el abanico de posibilidades y conseguir así, que la libertad de movimientos sea mayor. Sentir acorde con lo hago y hacer las cosas como las siento. Me he equivocado, como todos, pero siempre he tratado de ser fiel a mis principios, de tratar de ser lo más honesto posible. Sigo en ello, buscando mejoras, tratando de corregir los defectos que me atormentan, cargando con mis taras para no relajarme y olvidar seguir creciendo. Me he sentido mal infinidad de veces, más por el daño que he hecho que por esa extraña catalogación que me han dado de raro…