Historias y finales

No todas las historias tienen un buen final, pero todos los finales tienen una historia detrás. Pensar como acabará algo cuando aún no has empezado a vivirlo, es ponerle freno al coche cuando aún no lo has arrancado. Y es que el miedo a repetir historias nos hace perder otras muchas. Imaginar cómo terminará algo nos impide conocer el verdadero desenlace, que no siempre será de nuestro agrado, pero y si sí…?? Somos esclavos de nuestras historias, de las sufridas sobre todo, levantado muros para que no nos dañen otra vez. Es así como conseguimos salir ilesos, o no, porque también nos estamos privando de ver el horizonte, de conocer nuevos mundos y nuevas vidas, que tal vez, en algunas de ellas, encontremos lo que buscamos. Porque a veces, protegerse, es la forma en que nos hacemos más daño. Vivir aislados no nos garantiza no sufrir, sólo nos aleja de los demás y de tanto bueno que descubrir, porque no todos somos iguales, ni buscamos lo mismo. Sólo hay que saber distinguir a unos de otros, y más importante aún, tener claro, a quien queremos a nuestro lado. Es tiempo para los valientes. Toca vivir historias si quieres tener finales…

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Ya sabes…

Soy de hurgar, de buscar más allá de donde los demás se dan por vencidos. Me gusta rascar, arañar en la superficie para penetrar más en las profundidades, allí donde los verdaderos tesoros existen. Soy de cavar, no tumbas, que esas vienen con nosotros por defecto, queramos o no, ni trincheras, que es mejor la valentía de una lucha a campo abierto aunque te vaya la vida en ello. Me gusta oír, y escuchar, que no siempre es lo mismo, aunque te quieras hacer el sordo para no entenderlo, porque hay sonidos que explican lo que las palabras no saben definir y silencios charlatanes que murmullan a gritos que los dejen en paz. Soy cazador de gestos, los que acompañan a tus palabras, esos que dicen la verdad y solamente la verdad, dejándolas en la mayoría de los casos por mentirosas. Tal vez por eso puedo ver más allá, aunque te suene raro. Soy de atar cabos, y aunque no soy marinero, consigo ver el Norte, esté donde esté. Quizás por eso, de un tiempo a esta parte, me pierdo poco. Soy de besos con los ojos cerrados, porque prefiero sentirlos a verlos. Soy de confiar, ¿porque no?, hasta que no me demuestres lo contrario. Es la presunción de buena persona. Soy de lágrima fácil, ¿para que guardarlas?. Y aún más de risas, de esas que pueden cambiar el mundo. Soy de cuidar, de preocuparme, más de ti que de mi, que yo camino seguro, y aunque no tengo claro aún a donde ir, si sé, a donde no quiero regresar. Y bueno, ya sabes, también soy un poco de…

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El instante más oscuro

No digas que no lo conoces. Esa indecisión para tomar decisiones que estrangula tu vida cuando tienes que elegir un camino y sabes, que tu elección, marcará el rumbo. Es justo ese momento en el que, atrofiado, mascullas una retahíla de razones por las que “si» y justo a continuación, son devoradas por las del “no». Las eterna balanza sin equilibrar, la opacidad de un momento que se ha ido gestando lentamente, nublando por completo la lucidez que nos apoyaba. Abandonados en el laberinto, corremos tras una salida, que huye de nosotros, cerrando caminos, alargando atajos, engulléndonos hasta ahogar nuestra respiración. Momentos grises en los que no entendemos los porqués, menos aún, si van en contra de nuestra ética. Y es ahí cuando debe mostrarse nuestro valor, la incombustible fuerza de voluntad que nos mantiene vivos. Las infinitas ganas de luchar, porque “rendirse, no es una opción» y saber mantener a salvo tus convicciones, porque, que es una persona sino la extensión de sus pensamientos acompañados de sus actos. Todos tenemos instantes oscuros, problemas inesperados que resolver, planes inoportunos a los que expulsar como polizones que se cuelan en ese barco que es tu vida. Asi que, valentía y decisión para ser coherentes. Firmes y fuertes, esa es la consigna, que aún queda mucha vida…

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No esperaba

No esperaba aquel sol radiante inundando la plaza, ni a todos los que allí estuvimos dándonos ese baño de música. Brotaba el agua de la fuente a ritmo de Siloé, que brillaron tanto como el sol que los escuchaba, y fue su voz, el ritmo perfecto para dar paso a Second, sorpresa y no por ellos segundos. No esperaba la baqueta que lanzaron al público y que acabó en mis manos, más como premio del destino por tantos festivales recorridos que por intención del cantante. No esperaba a Shinova, camuflado entre el público y al que le robé una foto. Y no esperaba aquel preludio de lo que habría de venir. Fue en aquel “Rincón exquisito» donde comenzó todo y donde “La niebla» hizo acto de presencia, sin ocultar ni un solo momento la brillantez de aquellos acústicos.
Escalamos hasta el parque, buscando a unos Elefantes que se han hecho más grandes con los años, y más viejos, como nosotros, tal vez por eso, suenan cada vez mejor. Preciosos en sus letras y sabios en sus melodías, transmitiendo la misma energía que antaño. Llegó la noche de mano de sus canciones y se pusieron las estrellas a los pies de Shinova. No esperaba el recital que nos dieron. Supieron elegir los temas y no bajaron ni un solo segundo, haciéndonos bailar “una, otra, y otra, y otra vez». Con sus “Cartas de navegación» controlaron desde el escenario, el tiempo y el ritmo, desbocando a más de uno de los allí presentes, que no querían que aquello terminará, y tras el final de ellos, el principio de Izal. Pusieron rápido sus cartas sobre las mesa: salían a ganar. No hubo “Pausa» entre tema y tema, recorriendo sus» Agujeros de gusano» en busca de la “Mujer de verde». Un paseo que acabaría con “El baile» y huyendo de “El pozo». Espectáculo de luces y sonido, con muchas tablas a sus espalda, y que demuestran porque son de los mejores en el mundo Indie español. Ocurrió así, en Benalmádena. Desnudamos la música para ver su alma y la vestimos de sentimientos. La adherimos a una imagen para retenerla en el recuerdo. La escuchamos y la entendimos. La sentimos y la hicimos nuestra, dándole el significado que tiene para cada uno. La bailamos, la saltamos y la disfrutamos. Le dimos vida. Y la verdad, no esperaba un festival tan grande y familiar, como tampoco esperaba disfrutarlo tanto con cada uno de los que estuvisteis a mi lado.
Ya huele a siguiente, siempre con vosotros…

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Guerra y paz

Es el arrepentimiento la excusa de una decisión mal tomada.
Palabras que se dicen con la seguridad de aquel que confía en la tranquilidad de una vida casi perfecta y en la que no quería añadir nada más. Pero el descubrimiento de algo interesante suele hacer cambiar de opinión, desdiciéndose de las premisas que aclararon el camino y que ahora son los muros que no dejan avanzar, creando una sensación de impotencia y de rabia contenida, por no dejar rascar más allá. Es fácil brindar al viento nuestros pensamientos, pero bastante más difícil, mantener su vuelo.
Se reparte el tiempo dos vidas, con los mismos miedos, con los mismos anhelos, mismo punto en común. Vierten lágrimas por lo que pudieron haber hecho y no hicieron pero sobre todo, pero lo que sí aguantaron y no debieron. Sueña su mente con lo que pudo ser y jamás será, con el resultado de una decisión que nunca tomaron. El futuro improbable contra el presente más cruel. La felicidad del comienzo apagada y transformada por el paso de los años, que han ido cambiado el guion de unas vidas que soñaron con volar alto y que hoy luchan por aterrizar de pie. Vencedores y vencidos, comiendo en la misma mesa, luchando por ver quien recoge los platos rotos.
No se detiene el tiempo por nadie, ni espera. El ritmo constante de la vida, nos hace urgentes de los días, teniendo que decidir mucho en poco, obligando a elegir cuando no tenemos nada claro , o sí. Pero los cambios son inminentes, y las decisiones tomadas se vuelven erróneas o acertadas, dependiendo del momento en el que vivimos y de los sentimientos que nos invaden. Y en medio nosotros, discutiendo como salir ilesos de la guerra para poder vivir en paz…

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Contando aullidos

“Sería más fácil empezar por la verdad», pero a todos nos asusta. Por aquello de tener que aceptar lo que uno ha visto venir y no quiso reconocer, o no se atrevió a cambiar. Que sabe nadie. El miedo es así de cruel. Nos hace cobardes, nos atenaza, nos va hundiendo, dejando sin respiración. Aprendemos a patalear, a sacar la cabeza para coger el aire justo y seguir con la farsa. Excusas de mercadillo para darnos una razón que en el fondo sabemos que no tenemos. Porque él ya no es el mismo, porque hace tiempo que ya no siente nada, (ni yo tampoco), porque camino sola. Cansancio. Pena. Oscuridad. Invierno… Decisiones por tomar y caminos que elegir. Valor, fuerza, decisión… la senda de la felicidad. Tiempo, dolor y sanación, que aunque ahora no lo veas, será lo que te vuelva a hacer sonreír. Agarra con fuerza la vida. Es la única que tienes, y construye a tu alrededor el mundo en el que quieres vivir. Críticas?? Muchas. Ya sabes que la gente opina por necesidad, y desde la perspectiva de sus pensamientos. No harán ningún esfuerzo por escuchar, aún menos, por entender. Así que acostúmbrate a contar aullidos, que los lobos acechan…
A Ana y sus decisiones. Que siempre te acerquen a la felicidad

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Hijos de la música

Siempre era fin de semana, cuando el sonido de los primeros rayos repiqueteaban sobre las persianas a medio abrir y las atravesaban, descomponiéndose en miles de motas, que bailaban al son de la mañana. Rugía el silencio en la calle, sólo acallado por las campanas que llamaban a misa primera, preludio de los primeros murmullos que asaltarían la calle, presos del miedo por el retraso a la llamada de Dios. Sonidos mezclados con el trinar de los pájaros, música celestial para un cielo limpio que descargaba su claridad sobre nosotros y que nos obligaba a abrir unos ojos, que renegaban de la mañana y su despertar. Él era más rápido, y aún entre sueños, llegaban las primeras notas. Era Serrat bañándose en el “Mediterráneo”, o Alberto Cortés, dibujando “castillos en el aire». Fue Jarcha, luchando por una Andalucía mejor, y “Clodomiro» silbando una canción de la que olvido la letra. Era música entre sábanas, arrumacos entre notas musicales, preludio de Cola Cao y torticas. Eran los buenos días de un padre a sus hijos, a los que inculcó el gusto por la música en aquellas mañanas que hoy forman parte de mis recuerdos. Y tal vez gracias a él hoy surcamos festivales, rondamos conciertos y amamos tanto la música, que buscamos cualquier excusa para conocer nuevos artistas. Tal vez hoy, las palabras se transformen en notas que puedan componer una canción explicando cómo hemos llegado a ser, hijos de la música, y que no deje de sonar jamás…
Próxima parada, Benalfest!!!

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De estaciones y trenes

Dicen que hay trenes que sólo pasan una vez en la vida y que la estaciones están llenas de gente que perdió esos trenes. Que cuando pasan y los pierdes, ya no tienes otra oportunidad. Tal vez sea cierto, y ese tren ya no vuelva a pasar, pero el destino seguirá allí mismo y tal vez sólo necesites esperar al siguiente. Lo único necesario para llegar al destino es que tu quieras ir, que pongas las ganas necesarias, que te vistas de ilusión y que jamás desfallezcas. No busques excusas fuera de tu continente porque todo lo que necesitas saber, habita en ti. Escúchate, siéntete, respétate, y habrás conseguido el billete en primera clase para el mejor de los viajes. No, no quieras huir, ni siquiera a Marte. Aquí en la Tierra se está muy bien si aprendes a ser feliz. Nadie ha hablado de fácil pero tampoco de imposibles. Y es que a veces las matemáticas no son tan exactas, ni el tiempo. Por eso un retraso puede ser el mejor momento y encerrar lo que jamás imaginaste. Sólo basta invocar a la paciencia y todo fluirá. El tren acabará llegando. Sabrás para entonces “a donde ir»…???
Para todos aquellos que saben, que “tú eres la respuesta»

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