No todas las historias tienen un buen final, pero todos los finales tienen una historia detrás. Pensar como acabará algo cuando aún no has empezado a vivirlo, es ponerle freno al coche cuando aún no lo has arrancado. Y es que el miedo a repetir historias nos hace perder otras muchas. Imaginar cómo terminará algo nos impide conocer el verdadero desenlace, que no siempre será de nuestro agrado, pero y si sí…?? Somos esclavos de nuestras historias, de las sufridas sobre todo, levantado muros para que no nos dañen otra vez. Es así como conseguimos salir ilesos, o no, porque también nos estamos privando de ver el horizonte, de conocer nuevos mundos y nuevas vidas, que tal vez, en algunas de ellas, encontremos lo que buscamos. Porque a veces, protegerse, es la forma en que nos hacemos más daño. Vivir aislados no nos garantiza no sufrir, sólo nos aleja de los demás y de tanto bueno que descubrir, porque no todos somos iguales, ni buscamos lo mismo. Sólo hay que saber distinguir a unos de otros, y más importante aún, tener claro, a quien queremos a nuestro lado. Es tiempo para los valientes. Toca vivir historias si quieres tener finales…