Sietemesina

Se abrieron las puertas de la sala de espera y apareciste tú, tan pequeña, tan frágil, tan bella, tan pronto. Te veías muy pequeña dentro de la incubadora. Dos meses más pequeña de lo que deberías, pero allí estabas, con nosotros, con aquel gorro que trataba de calentar y vestir tu cabecita. Pensé, en como se podía querer a alguien, que tan sólo unos momentos antes, no estaba. Porque existir, exististe desde que tu corazón empezó a latir, y fue ahí cuando comenzamos a quererte. Y aún hoy, te seguimos queriendo. Fuiste la primera, adelantándote a todos, hasta al mismo tiempo, y has crecido, borrando el miedo que teníamos en aquel momento a que no lo lograses. Tu belleza ha crecido a la par que tu cuerpo, y la “cosita” que vino a este mundo hace casi 17 años, se ha transformado en la mujer , que luce ahora. Aquellas manecitas que se movían sin dirección, buscando no sabíamos que, ahora son capaces de fabricar sueños, tejer deseos y cocinar los más exquisitos manjares. Jamás escuchamos un llanto de tu boca, y dormías como los ángeles, fueras donde fueras. Porque ya eras tranquila desde el principio. Bailaste enredada a una cinta y pasando a través de un aro, y nunca descuidaste los estudios, por eso eres la mujer que eres. Inteligente, muy inteligente. Por eso en tu santo, además de felicitarte, quería decirte, que el amor que sentí por ti la primera vez que te vi, ha crecido contigo, deseándote que sigas así, tan guapa, tan inteligente y tan buena, eso sobre todo. Que nada cambie tu forma de ser y mejora cada día, ese es el reto de la vida. Yo seguiré viéndote crecer y madurar, y me tendrás siempre para lo que necesites.

PD: A mi sobrina Elena, que no imagina cuánto la quiere su tito…

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El verano eterno

Sigue la calor asistiendo nuestros días, constate, irreductible, casi perenne, mientras nosotros mantenemos intacto nuestro deseo de que verla caer, de hacerla huir, de espantarla para siempre, o por lo menos hasta el verano que viene. Tirando de aire acondicionado (quien lo tenga), o ventilador en su defecto, tratando de enfriar el infierno, de apagar ese fuego que abrasa y que consume la tierra y nuestros cuerpos, haciendo que sudemos toda la pesadez de este tiempo estival tan largo. Comenzó hace ya tanto, que apenas recordamos la primavera. Y os aseguro que existió, aunque pasara casi de puntillas. Casas amuralladas, persianas contra el suelo y ventanas cerradas a cal y canto. Remedios de toda la vida, para impedir el paso del sol y su calor, y todo esto a costa de la luz, que la dejamos a su suerte, fuera de nuestros planes y exiliada de nuestros hogares. Un pequeño sacrificio para conseguir sobrevivir a este tiempo pre-desértico. Descansos nocturnos frustrados, sopor incontenible y posturas inalcanzables en la búsqueda constante de un sueño que no llega. Ni siquiera el agua se atreve a asomar, dotando a nuestros pantanos de un vacío que se agranda por días, y acrecentando la sequía en nuestros grifos y corazones. Y ahora que estas temperaturas serán normales y no una excepción en los años venideros, podemos decir, que jamás estuvimos tan cerca de un verano eterno, como el de este año…

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As de corazones

Hoy no había nadie que se mereciera más que tú un relato. No sé si en todos estos años te escribí, pero te aseguro que no pasó un solo día, en que no me acordará de ti. Eres el culpable de darle voz a mis palabras cada vez más enredadas. Me regalaste esta ventana hace ya años y la mantienes abierta sin pedirme nada a cambio. Así cumpliste otro de mis deseos,  porque sin tu saberlo, has cumplido muchos, haciéndome muy feliz con ello. Aunque la verdadera felicidad, es saber que sigues aquí, un año más, a pesar del susto.

12 años. Eso teníamos cuando nos conocimos, recorriendo las calles del Realejo, jugando a las canicas con el “sida”, peleándonos con aquel gran “castor” que al poco se nos quedó tan pequeño, metiéndole goles a los Santos de la iglesia de Santo Domingo, o sacando de sus casillas al loco de tu vecino, mientras escuchaba música clásica. Tu primer verano en Cúllar, tus primeros kiwis (con piel), los ataques por la banda (ya hubiera querido Redondo ser como tú). Una amistad afianzada entre adoquines, y entre viajes de ida y vuelta en bici. Discusiones y peleas por las novias, alejamientos y acercamientos, que como las olas y la orilla, no pueden vivir el uno sin el otro. Una unión para toda la vida y una amistad inquebrantable. Fuiste el padrino de mi hijo y sumaste el título de compadre a nuestra amistad. Y el amor nos volvió a alejar, pero sólo en distancia. Porque nuestra unión soldada a base de años, vida e historias, ya nunca se soltará. Porque siempre hemos estado y siempre estaremos, y ahora, más que nunca. Porque mi corazón es tuyo, desde hace mucho tiempo, para cuando lo necesites, y como siempre te digo, si te hago falta, grita, que yo acudiré, como tu haces conmigo. Nos queda mucho por vivir, muchos años que compartir, y con un as de corazones bajo la manga, es imposible que nada nos salga mal.

Feliz cumpleaños, compadre. No sabía cómo decirte lo mucho que te quiero…

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