Grandes, altos… así son los tacones con los que te has presentado en mi casa. Van a juego con tus piernas, infinitas…. Una música suena de fondo, tranquila, relajante y sólo la luz de unas velas, son testigos de nuestra cita. Tu silueta se mueve al compás de las llamas de las velas y éstas, parece que bailaran al son de la música. Estás ahí, delante de mí, como tantas veces había imaginado. Mi mente vuela intentando imaginar que llevarás debajo de ese abrigo pero no hace falta. Te acercas a mí, lentamente, con mucha sensualidad. Tus caderas se balancean, tus piernas dan pasos firmes pero elegantes, como si los zapatos formaran parte de tu cuerpo. Y justo delante de mí, con mucha tranquilidad, te quitas el abrigo. Se desliza por tus brazos cayendo tras de ti. Has vestido tus piernas con medias y ligueros, que te hacen más sensual y atractiva. Y tu ropa interior, del mismo color que los zapatos, hace que me sea imposible quitarte los ojos de encima. Tu sola presencia me pone nervioso y la visión de tu cuerpo me excita. Lo sabes y giras sobre ti misma para que, entre sombras, pueda verte. Mis manos ansían tocar tu cuerpo, mis labios besar los tuyos y todo yo te desea. Llevo rato empalmado. Me acerco a ti…
Mis manos te rozan como si tuvieran miedo de hacerte daño. Dibujan tu cuerpo. Tocan tus piernas, tus caderas, tu cintura, tus pechos… Mi boca se acerca a tu cuello, tu vello se eriza y cuando notas mis labios sobre ti, gimes… notas como tus pechos se endurecen y tus pezones se han puesto tiesos. Estás muy excitada, tanto como yo. Mis labios besan tu cuello, lo muerden y van subiendo hasta tu boca. Nuestras lenguas se enredan. Mis manos pellizcan suavemente tus pezones. Nuestras respiraciones se aceleran y nuestros cuerpos se buscan. Quieren rozarse, sentir el sexo del otro. Mi mano se desliza hacia abajo… Estás muy mojada. Abres un poco las piernas. Tu sexo quiere mi mano y mi mano quiere tu sexo. Gimes… Me pides más. Mis dedos encuentran tu clítoris y lo acarician suavemente. Tus pechos también quieren y llevas mi cabeza hacia ellos. Me das un pezón y mi lengua hace que se ponga duro. Mis dedos siguen masturbándote, a ratos suave, a ratos fuerte. Tu cuerpo se arquea, tiembla de placer, se agita de excitación. Y sin esperarlo mi dedo entra… Te desbordan las sensaciones. Estás tan excitada que te puede el deseo y el instinto se adueña de ti. Quieres follar, que te folle. Mi dedo entra, sale y con cada movimiento te estremeces. Tus manos desean tocar también. Como puedes desabrochas mis pantalones. Los bajas y buscas bajo mis boxes lo que tanto deseas. Está enorme, muy mojada y empiezas a masturbarme, muy fuerte, con violencia. Grito, de placer. Mis dedos te masturban, tus manos me masturban. Nos vemos entre sombras y nuestra excitación aumenta. De un empujón me sientas en el sofá. Te pones en cuclillas delante de mí y mi polla, hinchada de excitación, queda a la altura de tu boca. Me miras a los ojos y empiezas a chuparla. No puedo evitar gritar, me agito. Mis músculos se tensan. Y mientras una mano me masturba a la vez que la chupas, la otra juguetea con tu clítoris. Notas como crece por momentos, como se calienta, como se humedece. Quiero correrme y a la vez no quiero que esto acabe. Tus dedos te follan y notas que vas a explotar también. Y sin dejar de chupar, exploto, al mismo tiempo que tú. Gritamos, gemimos e intentamos buscar aire…
Te levanto y nos tumbamos abrazados. El instinto se fue y vuelve el cariño…
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