Sueños de sofá

No era la primera vez, tampoco será la última que tenga que huir al sofá para protegerme del fuego cruzado entre tu y yo. Días en blanco, de soledades impuestas por ti. Poco a poco has ido transformado en hielo todo lo que tocas, borraste la palabra “ilusión» de tu diccionario y pretendes arrastrar la mía también hacía la oscuridad de la rutina. Días sin sexo y sexo sin pasión, no se que es peor, cumpliendo a regañadientes por tapar mi boca y dejar de oírme pedir algún halago que vuelva hacerme sentir tan deseado como querido, dándome la ración necesaria que sacie mi sed de cariño y roces. Y hasta la próxima… Las salidas se han transformado en paseos, a solas con mis pensamientos, porque son los únicos que me acompañan. A ti esto de andar te cansa tanto como la vida que tenemos. Así que te limitas a sentarte, a no hacer nada, a dejar que los días mueran, lentos, dolorosos, como nosotros. Entreguerras que minan nuestro corazón sin saber que decir y donde pisar, para que no nos estalle en las manos. Me alejo de ti, otra noche más de discusiones, para ni siquiera, tener que olerte. Los olores siempre traen algún recuerdo, y no quiero que alguno de ellos, me juegue una mala pasada. Y es aquí, en el sofá, donde soy consciente de todo. Porque la distancia que hay entre tu y yo, no es sólo de unas habitaciones. El vacío se ha instalado, huele a desierto y aprieta la sed. Aquí lucho por sobrevivir y sueño con otra vida, con felicidad infinita, con mares de esperanza y por un momento pienso en poder reunir el valor suficiente para tomar decisiones y acabar con esta guerra silenciosa que está acabando por destruir nuestro mundo. La amenaza fantasma de nuestra cobardía nos llevado hasta aquí. Así que tumbado en mi sofá me pregunto, a quien podré consultar que hacer, si no tengo almohada…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Solve : *
39 ⁄ 13 =