Openheimmer

La memoria es frágil. Y corta. El tiempo se empeña en hacer lo olvidar lo más lejano como si recordar fuera un esfuerzo tiránico, y cuánto más atrás, más cuesta. Por eso tendemos a olvidar, porque no nos gusta esforzarnos. Pero recordar, es la única forma de no repetir errores.

78 años. Hiroshima quedó arrasada por la primera bomba atómica lanzada a este mundo. Le siguió Nagasaki el 9 de agosto. Los americanos quisieron zanjar así la Segunda Guerra Mundial, y dieron la estocada final a Japón. Casi 250000 personas fueron borradas de la faz de la tierra. Y algo que parecía el final de todo, sólo fue el principio. Una carrera armamentística para ver quien hacía mas armas nucleares. Rusia y EEUU, aliados de conveniencia contra los nazis, volvían a ser enemigos acérrimos. Y hasta hoy. La historia nos demuestra, que no hemos aprendido nada. Seguimos enfrentando al mundo. Formas dispares de pensamiento, distintos estilos de vida, diferentes creencias. Armas en vez de palabras. Bloqueos en vez de entendimiento. Egoísmo personificado en la sociedad que hemos creado, dónde lo mío, es más importante que lo tuyo. Y así nos va. Cada vez más alejados. Cada vez más distantes. Cada vez más intransigentes.

En Los Álamos dieron vida al Proyecto Manhattan, y bajo la dirección del físico nuclear, Robert Openheimmer, desarrollaron las bombas nucleares. Y aunque estuvo de acuerdo en que se lanzaran las bombas, el tiempo le demostró, que tal vez, no debería haberlas fabricado. Pero así son las reacciones en cadena. Una vez que empiezan, es difícil pararlas. Y para eso está la memoria. Para ponerle un poquito de freno a estas reacciones. Si no dejamos que empiecen, no habrá que parar nada. Estamos a tiempo de hacer un mundo mejor. Y esta es la mejor razón para hacer el esfuerzo de recordar…

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