Conocerse y reconocerse en el espejo de la vida lleva precisamente eso,toda una vida. Carencias ocultas tras el alma,heridas que no sabemos reconocer y que nos acompañan desde pequeños,y que un buen día,hartas de esconderse,brotan como un manantial regandonos de miedos e indecisión. Taras que nos hacen cojear aún teniendo las dos piernas. No luches contra ellas. Agarra con fuerza la muleta de la aceptación y plantate delante del espejo. Si,eres tú. Esa persona que ahora vacila sobre si será capaz de conseguir todo aquello que se propuso. Confía. Primero en tí,para luego poder confiar en los demás. Llénate de seguridad,esa que trasmitirás a los otros y con la que conseguirás cualquier cosa que te propongas. Se valiente y acepta como eres,para poder aceptar a los demás y vivir en paz contigo mismo…