Desde aquí podría alcanzar esas luces que apenas iluminan la noche. Tenues y amarillentas, dejan ver el movimiento de las ramas de los árboles mecidas por una brisa invisible y ocultan a la vez a las Estrellas, que se esconden por miedo a que esa luz brille más que ellas. Creadoras de sombras y destructoras de oscuridad, miran desde lo alto las calles de las ciudades por las que transita la vida a diario. Despiertas de noche y dormidas de día, han aprendido a guardar secretos y a mirar con descaro. Se encienden con la llegada de la Luna, y huyen del sol, al que envidian su limpia luz y su calor. Perfiladoras de siluetas, riegan con su tediosa luz los sueños de los hombres. Silenciosas nos acompañan, destruyendo el miedo a la oscuridad y poniendo un poquito de color a la noche que lo tiñe todo de blanco y negro…