Sábanas finas, rozándome el cuerpo para tapar el verano y las noches. No quiero que me abracen para no sentirme prisionero pero al cerrar los ojos me sorprendo tirando de ellas para que me abriguen. Peludas sábanas, que han amortiguado mis sueños y mi descanso. Escondido bajo ellas, he viajado a lugares inimaginables, he puesto cara a gente que jamás conoceré y he vivido mil y una vida. Tantos años soñando sólo, huérfano de compañía en la cama que ahora resulta raro dormir acompañado. Pero que pronto se desaprende. Manos torpes que no encuentran su sitio, piernas anudadas y respiración sin aire para molestar lo menos posible. El regreso a la compañía fué dificil pero aprendimos a abrazarnos, a acunarnos y a soñar juntos. Dejamos atrás el sueño solitario para dormir acompañados junto a las sábanas que nos acompañaron siempre…