Historias corrientes llenas de preguntas para quién las ve desde fuera. Decisiones que sólo uno puede tomar porque sólo él conoce las verdaderas razones. Respuestas calladas, dormitando en las cabezas de quién nunca las dará, porque no tiene por qué. Monstruos creados a raíz de la incertidumbre, de la sed por conocer las respuestas de los demás, sin preocuparnos por buscar las nuestras propias, sumergiéndonos en un mar de congeturas, que pretendemos despejar con nuestras razones sin comprender que no nos corresponde a nosotros, vivir la vida de los demás. Juzgamos, creyendo que nuestra verdad es única e incuestionable, que nuestros puntos de vista, son los únicos acertados. Y queremos dar más explicaciones a unas acciones de las que en verdad tienen. Complicamos todo en un afán de hacer ver a los demás, que nuestra vida es dura, que nos ha maltratado y que por eso, yo y no el otro, merezco más tu atención. Juzgamos sin derecho y nos sentimos maltratados cuando nos lo hacen a nosotros. Le damos mil y una vueltas a las cosas, intentando sacar planes ocultos de cualquier gesto, de cualquier palabra, haciéndo nuestras vidas más pesadas y tristes. Las cosas son más simples. Digo lo que quiero decir, y hago, lo que quiero hacer. No hay más, es así de simple. No busquemos más sentido a las palabras ni más explicaciones a los hechos, dejemos de afilar la vida, y que los sacapuntas sean sólo,para los lápices…