La calor se desvanece lentamente como las dudas sin responder se pierden en el tiempo. Amaina el Verano recostándose en el hombro del Otoño que espera paciente que llegue su turno. Los días se acortan hasta que lleguen a ser la sombra de la noche y la brisa fresca tan deseada meses atrás se vuelve molesta y empieza a enfriar nuestros corazones. El ambiente se vuelve triste y la rutina va cogiendo el control de nuestras vidas. El cielo,todavia cristalino,se va probando con el negro de la tormenta,la ropa que llevará en los próximos meses. Empieza a silbar canciones melancólicas que hacen que el Verano cierre sus ojos por un instante y nos deje ver lo que su luz esconde. Y aquellas tarde interminables acaban cada vez antes,haciendo que busquemos en nuestras casas,la calor que antes vivía fuera…