Tan guapo que parecías una niña. Esa niña que tanto deseaba mamá, aunque se ha tenido que conformar con 3 de nosotros. Y no es poco. Llegaste cuando Naranjito, precediendo un mundial que no ganamos. Eras nuestro juguete, el pequeño, al que cuidábamos y chinchábamos a partes iguales, demostraciones todas de amor. Te vimos crecer a pesar de dejar de comer, y de aquella medicina que te dieron y que arrasó con tus dientes. Años duros para ti y mamá, que ya sufría contigo. Preocupada desde el primer día y aun lo está, por mucho que hayas crecido y madurado. Porque por muchos 41 años que hayan pasado, sigues siendo el chico. Aquel chico que no conoció a bien a su padre. Aquel pequeño que abandonó el hogar, huyendo y buscando un futuro mejor. Rebelde y tozudo, inteligente y emprendedor. No te imaginas cuánto te pareces a tu padre, por mucho que quieras alejarte de él, ni te imaginas cómo siento que no lo conocieras bien, porque te perdiste una gran persona. Te aseguro que te quería mucho, aunque olvidara querernos a todos. No se lo tengas en cuenta. Todos cometemos errores y todos merecemos perdón. Espero que tú me hayas perdonado por los míos. Porque aunque pareciera lo contrario, te quise, te quiero y te querré. Para eso eres el chico…