-1

Como cada noche nos vamos a la cama mirando el reloj, referencia de las horas que dormiremos. Su imparable cuenta nos lleva hacía nuestra desaparición, aunque para eso, aún quedan muchos años (o eso quiero creer). Sacamos la ropa de abrigo que encerramos en los armarios hace meses, para rellenar el hueco que deja, con la de verano, pagando de esta forma tan miserable, el servicio prestado. Volvemos a vestir las mesas desnudas con sus enaguas, y bajo ellas, se esconderán los braseros, deseosos de calentarnos de nuevo. Mangas largas nos vuelven a cubrir, intentando mitigar el frío que poco a poco se irá colando en nuestras vidas. Los días se van acortando, cada vez más cansados, y antes de que anochezca, ya habrán huido, dando paso a unas noches cada vez más largas. Y en este trajín de cambios, y casi rozando la noche de los difuntos, el hecho que marca verdaderamente el fin de una estación y el comienzo de otra, el cambio horario. Los relojes cambiarán su hora esta noche pero el tiempo, seguirá siendo el mismo, inmutable, inamovible. Y aunque parezca extraño, esta noche se volverá a repetir el misterio de las restas que suman…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Solve : *
18 − 17 =