Pasan los años arrastrando con ellos la juventud y sus virtudes. Estabilizados en el tiempo y el espacio,delimitamos nuestras vidas entre días y semanas,pasando los años,sabiendo siempre donde nos encontramos. Recordamos caras,gestos,horarios y fechas,rutinas a las que nos aferramos para no perdernos en el abismo del caos y creando un orden a nuestro alrededor que nos hace sentir seguros en nuestro fortín. Y conforme las arrugas nos van conquistando y vemos cada vez más lejos la ansiada juventud,vamos perdiendo recuerdos y la memoria nos abandona. Y es entonces cuando el desorden se apodera de nuestras vidas. Repetimos las mismas cosas como si siempre fueran la primera vez. El tiempo ha huido de nosotros y confundimos el dia con la noche,los días y las semanas. Un goteo incesante de memoria que vamos perdiendo a la vez que los recuerdos y nos empujando cada vez más en la oscuridad. Y en momentos puntuales en los que la luz vuelve por un instante a nuestra cabeza,vemos que sufrimos tanto como la gente que tenemos alrededor que lo único que quieren es que encontremos nuestra memoria y con ella,la persona que fuimos…