Bajo tierra, hundidos en las profundidades, aislados de toda vida. Tuvieron su tiempo, escaso para todos y desaprovechado para muchos, en el que fueron. Conscientes de la vida, gastando el tiempo a su antojo, haciendo y deshaciendo a diario en la búsqueda incesante de sus propias respuestas. Vivieron aprendiendo y dejaron a su paso, lecciones de las que otros aprenderán, emulando a los que hace tiempo que se fueron. Y es que todos «tenemos opción de morir, pero debemos encontrar el valor para aprender a vivir.» Y así celebramos hoy a los que ya no están, entre los que nos encontraremos sin remedio pasado el tiempo. Y sólo hay una forma de que no desaparezcan a pesar ya no estar aquí, no dejarlos en manos del olvido. El recuerdo es vida, y a diario, mucho mejor…