Mojados, húmedos como el tiempo. Sueños despertando algo más que el día, atrayendo deseos imantados de lascibidad que intentan controlarse para no provocar la estampida. Miradas que desnudan y que invitan a la imaginación a convertirse en realidad, haciendo que estalle la mente en imágenes que llevan a un éxtasis inventado. Roces transformados en caricias, dibujando la carne que queda bajo la ropa que tanto deseas tocar, conteniendo un deseo que pide a gritos que lo liberen de su encierro. Besos acompañados de achuchones, para sentirse más cerca, y unas manos que tocan más allá de su propio cuerpo. Atrás queda lo mejor… Olores a uno y a otro, a sí mismos, perfumando el momento en que tiemblan queriendo más y huyendo del lugar mientras piensan que tal vez la próxima vez, sí que haya «brutalidad carnal…»