Un mundo nuevo

Llegó la primavera. El cielo gris, plomizo lo envuelve todo y la lluvia se reparte por algunas zonas, intentando mojar a una gente que no encuentra, porque no pueden, ni deben, salir de sus casas. El silencio reina, majestuoso, por todas las calles de las ciudades, fantasmagóricas en algunos momentos, tristes la mayoría del tiempo. El virus invisible, titánico, intenta acabar con las esperanzas de una humanidad, que se sentía segura con su forma de vida, acostumbrada a una forma de vivir, en la que no se planteaba si era la más correcta o no. La globalización es sólo un palabra, porque la realidad es que nadie miraba por nadie. Egoístas consumados, construyendo un mundo sobre las bases de la desigualdad y la destrucción cada vez acelerada, de la Tierra que habitamos. Había señales de alarma, y no quisimos hacer caso. Las relaciones interpersonales han ido perdiendo valor, centrando todas nuestras energías en el trabajo y obligaciones. Los abrazos, las caricias y los besos, estaban infravalorados, y relegamos a la gente que nos importa, al último lugar. Todo es más importante que las personas. Cualquier cosa es más importante que la vida, sin darnos cuenta, que precisamente, es la vida, lo que debemos cuidar si queremos ser felices. El encierro nos está obligando a no besar, a no abrazar, a no acariciar, gestos que nos mantenían vivos sin saberlo. La contaminación ha caído y las ciudades están mucho más limpias. Se ha encargado la naturaleza de hacer un pequeño reset, que nosotros no hemos sido capaces de hacer, y tras él, nos espera un nuevo mundo, en todos los sentidos. Seremos capaces de aprender…?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Solve : *
7 + 15 =