Pensar

Encerrado y solo, y me da por pensar…
Pensar, en la cantidad de gente que sabía lo que iba a pasar (eso dicen ellos) y que no dijeron nada, dejándonos en manos de este maldito virus, que ha destruido nuestras rutinas y ya veremos que más cosas.
Pensar, en todos aquellos, que una vez llegada la catástrofe, critican lo que se hace, sea lo que sea, y en vez de arrimar el hombro para salir lo antes posible, ponen zancadillas a la esperanza de los que deseamos que todo esto pase rápido, y pensamos que ya habrá tiempo de pedir explicaciones. Suelen ser los mismos, los primeros y los segundos.
Pensar, en los que siempre esconden tras las palabras de apoyo, una colleja. Y no quiero ser malpensado, pero resultaría deleznable, incluso inmoral, que todo estuviera planificado y, sobre todo, que estuvieran gastando más energías en intentar acabar con un presidente, que en salvar las vidas de su país.
Pensar y pensar, en todos aquellos que pasan el encierro solos, sin pareja, sin hijos, sin familiares. Solos. Y pienso, que quizás, como yo, correteen sombras por la casa y persigan recuerdos, en un anhelo de que se hagan realidad sólo un instante, para poder abrazar a alguien, y que te tranquilice, diciéndote que no estás solo. Pero sólo son eso, deseos.
Y también pienso en todos vosotros. Por eso, si me aceptáis un consejo, y tomo prestadas unas palabras de Iñaki Gabilondo, “guardemos en un cajón los abrazos que no podemos dar, para cuando todo esto termine, porque nos harán falta”.
Encerrado, solo y pensando. Mala combinación…

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