Rotos

Definirnos, explicarnos, tratar de describirnos como seres humanos, es una tarea, me atrevería a decir, imposible. Una unión de cuerpo y alma, que nos lleva constantemente por la senda de la indecisión, tratando de repartir responsabilidades entre lo que sentimos y lo que pensamos, en una batalla constante entre corazón y cabeza, sentimientos y razones. Crecemos al ritmo del amor, de la alegría, del miedo, de la culpa, de miles de sentimientos y decisiones que debemos tomar, y vamos perdiendo en cada paso, un pedacito de nuestro ser, a la vez que ganamos materia para el nuevo yo. Un constante cambio, una evolución sin medida, que nos eleva o nos hunde, a la vez que nos acerca irremediablemente, al nuestro fin. “Somos más que la suma de nuestras intenciones», por eso siempre de debe de tratar de hacer lo correcto. Equilibrar razón y corazón, es una ardua tarea, que casi siempre nos deja dolidos, rotos. Y es precisamente ese sentimiento, el que te hace ser más humano. Todos estamos avocados a la desaparición, pero gastar el tiempo que nos queda para tratar de hacer algo bueno, debería ser una obligación moral. Es la muerte la que le da valor a la vida, y somos nosotros los que debemos hacer que esa vida, valga la pena. Quedaremos rotos en el camino, pero el tiempo curará cualquier herida y nos recompondrá.

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