Desmenuzo los días cayendo a mis pies como papel quemado. El tiempo corre delante de mi y por mucho que me esfuerzo no llego jamás a alcanzarlo. Han pasado los años convirtiendo aquel niño travieso en un hombre y todavía arde mi interior la llama de la ilusión,esa que consigue levantarme todos los días. Mis ojos se abren sabiendo que hay algo por lo que vivir y arrancan mi cuerpo,haciéndolo funcionar sin reparar en los años que acumula ya su motor. La grasa de la felicidad hace que sus piezas reapondan aún con eficacia y la ilusión de llegar a una meta hace del trayecto,un viaje apasionante. Amanecen los días para volver a apagarse y no hay ni uno solo de ellos en los que no me sienta una persona afortunada. Llamas interiores quemando calendarios,siendo el tiempo testigo de como crecemos en una búsqueda inacabable de la felicidad.