Un puñado de amigos refrescando con hielo los recuerdos y recordando el futuro. Confesiones a media luz, ahogadas por la música y unos vasos que parecen no vaciarse nunca. La eterna batalla entre lo que fué y lo que pudo ser, donde cada uno lleva su razón y ninguno la quiere perder. Conversaciones de besugos matando las horas en buena compañia. El orgullo de pertenecer a esta banda de gente y a este pueblo. Un sentimiento tan de todos los que estuvimos que nos fundimos en uno solo, bebiendo y charlando sin querer que acabara la noche, que nos empujaba a cada uno a nuestro lugar sabedores de que al despertar solo quedarían buenos refuerdos mezclados con resaca. Y entre tabaco y pellejo, humo prohibido,ginebras y rones, volvimos sobre nuestros pasos y disfrutamos como solo los culleros sabemos hacer. Porque nos sobra con los amigos para que una noche cualquiera se vuelva mágica…