Queriamos que no se perdiera en el olvido, que nuestras raices se vieran más que nunca así que decidimos que tendría día propio y como si de un Santo se tratara, cada dos jueves, lo adoramos y recordamos. Con el tiempo hemos conseguido que tenga sede propia y es allí, donde nuestros padres no dejan que caiga en el olvido, donde jugamos al Pellejo. El Club ha ido creciendo y donde antes sólo había nueve, ahora somos diez, pellejeros todos. No son sólo cartas. Es desahogo, ilusión. Son secretos y confidencias. Es un rato en el que sólo importa ganar y subir estadisticas intentando así arrebatar el primer puesto al de siempre sin conseguirlo jamás. Y año tras año hemos hecho algo, que tal vez nunca pensamos que llegariamos a conseguir. Entre carta y carta, partida a partida, hemos afianzado una amistad que ya va más allá del simple juego. Gente tan dispar como la que forma este Club, unidos todos por algo tan sencillo. Nos hemos juntado otro año más para rendirnos homenaje, para volver a demostrar que con gente como vosotros se puede ir al fin del mundo, eso si, un viernes, que el jueves es muy precipitado. Me siento orgulloso de pertenecer a este Club, de tener a cada uno de vosotros como amigo. Es tanto el repeto que mostrais, que da igual la condición de cada uno, su trabajo o sus ideales. Aquí respetamos todo y damos libertad para que se exprese. Y eso no es fácil de encontrar hoy por hoy. Así que antes de ahogueis mis palabras en alcohol me gustaría pediros algo. No perdais jamás esa ilusión que veo en vosotros, esas ganas de vivir, ni dejeis de buscar excusas para reunirnos. Las obligaciones nos llaman a cada uno pero dejad siempre un hueco para seguir haciendo que nuestras vidas valga la pena vivirlas. No cambieis jamás y así seguiremos siendo siempre, la envidia de los demás…