Gira la ilusión. Los bombos de la suerte volvieron a mezclar números y esperanzas, aunque éstos, no tardarán nueve meses en parir llantos y alegrías. Miles de números, girando todos sin sentido y a la vez, buscando el hueco por el que escapar y ser cantados por unos niños famosos por su soniquete, más que por sus voces. Muchas bolas quedarán prisioneras y sin premio, olvidadas en la prisión de quién no dió ni siquiera lo metido y las que consigan escapar, quedarán ensartadas en los alambres de la alegría, enfrentadas a su premio, porque sin él, tampoco las recordarían. Tablas de sueños a las que se agarra la Navidad, para repartir antes que nadie, los deseos pedidos. Así que otro año más, el Teatro Real acogió la magía, repartiendo entre unos pocos, lo que todos deseaban coger…